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Publicado el lunes, 12 de junio del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- Una pisada al unísono hace retumbar el asfalto, el silbatazo de salida moviliza a más de siete mil 500 almas en busca de un objetivo: llegar a la meta.
No importa cómo, ni en cuánto tiempo, lo único que cuenta en esta carrera es el siguiente paso, porque aquí uno compite contra sí mismo.
Son las 6:15 de la mañana y sale el primer contingente: invidentes con su guía y personas en sillas de ruedas abren el camino.

Corredores élite llegan tarde por el cierre de calles y buscan desesperados formarse en la fila; más tarde se quejarán de que por poco pierden su lugar para competir.
Ahí están los kenianos, gringos, europeos, mexicanos, coahuilenses y los anfitriones, saltillenses, que no se dejan intimidar por profesionales del atletismo.
A las 6:33 sale el tsunami de corredores. Jóvenes, adultos mayores, mujeres maquilladas y otros con mucho bloqueador, porque el sol que se levanta luce amenazador.
Allá van Batman, Forrest Gump, el Chapulín Colorado, la Parka, Pedro Picapiedra y varios luchadores; además de amigos que no sólo se juntan en las fiestas, parejas de enamorados y algunas carriolas empujadas por padres entusiastas.

Anuncian que en el minuto 34 unos ya van en el kilómetro 10, mientras otros, apenas empiezan a cronometrar.
Resulta extraño que tras las vallas halla menos porra que en ediciones anteriores, son apenas 200 personas dispersas en el bulevar Francisco Coss, a la altura del Teatro de la Ciudad, pero muchas otras dan ánimo a los runners a lo largo de la ruta.
A las 7:15 llega el primer ganador del 21K Coahuila 2023: Gonzalo Valdovinos, originario de Puebla, quien pasa la línea de meta a toda velocidad en su silla de ruedas, seguido de su amigo Martín Velasco, procedente de la Ciudad de México; y en tercer lugar, Fidel Aguilar, de Guadalajara.
Felices pero cansados agarran aire para dar una entrevista, en donde comentan que ya tienen más de 20 años entrenando y otros tantos, asistiendo a este medio maratón.

“ Gracias a mi compañero por ayudarme a hacer una buena carrera, por hacer trabajo en equipo durante el recorrido”, expresa Gonzalo refiriéndose a Martín, “y muchas gracias al Comité Organizador que todavía hacen lo posible para que la categoría de silla de ruedas esté presente”.
El intenso calor debilitó a los corredores, quienes sufrieron con la subida de los últimos 3 kilómetros, del Venustiano Carranza hacia Presidente Cárdenas, quizá por eso, muchos bajaron la velocidad a pesar de afectar sus tiempos.
Acostumbrado al calor, el parrense Tirzo Reséndez ofreció una increíble carrera y todo el tiempo estuvo pisándole los talones al keniano Robert Gaitho Gititu, quien se alzó con la victoria en un tiempo de 1:04:56.
Minutos antes de las 8 de la mañana, cuando el termómetro ya marcaba los 27 grados centígrados, la figura de Guadalupe Oropeza Vázquez se alzó contra todos los pronósticos, pues le arrebató el triunfo a las kenianas.
“ Estoy muy contenta porque se había trabajado mucho para lograr este lugar, y afortunadamente, se logró”, dijo mientras se reponía, “esta carrera es parte de mi preparación para los Juegos Centroamericanos y para checar cómo voy”.

Aunque reconoció la buena planeación de la ruta, la corredora manifestó que el inicio fue un poco atrabancado debido a que los organizadores les impidieron el paso por llegar tarde, pero que gracias a que los participantes les abrieron paso, pudieron colarse a la salida.
“ Quisimos brincarnos y no nos lo permitieron, pero los participantes nos abrieron campo para que no saliéramos tan atrás”, detalla, “lo más difícil fue al inicio, la subida de dos kilómetros está algo pesado, y los últimos tres kilómetros también, pero gracias al apoyo de la gente se hace menos pesado”.
Lista la barbacoa, los saltillenses se iban despertando y llegando a echar porras a sus familiares, amigos y vecinos reconociendo su esfuerzo con gritos y aplausos.
La ola de corredores iba llegando poco a poco, algunos más afectados que otros, por lo que los paramédicos de la Cruz Roja se mantuvieron al pendiente de calambres, golpes de calor y desvanecimientos; alrededor de una docena de personas tuvieron que recostarse en la zona médica para recibir oxígeno y suero y sólo dos requirieron ser trasladadas en ambulancia a un hospital cercano.

Gabriel Duarte y Gabriela del Rocío, cruzan la meta felices y orgullosos de sí mismos, como lo han hecho desde hace 25 años, cuando empezaron a correr juntos.
Gaby tiene parálisis cerebral infantil, tiene 29 años de edad y desde los 4 su papá comenzó a llevarla a correr junto con él, pues sabe bien, que es parte de su rehabilitación y de su calidad de vida.
“ Yo lo hago para que otra gente nos vean y si tienen niños con esta discapacidad u otra, que se animen a correr, no necesariamente tienen que buscar ganar un premio, lo que se requiere es que estén cerca del ambiente social porque también es rehabilitación, es lo que no saben los papás, a veces los encierran y les dan una mala calidad de vida, esto es calidad de vida”, expresa el señor Gabriel, de 63 años de edad.
“ Es el quinto año que venimos al 21K, pero hemos corrido en muchas partes. Nosotros venimos de Zacatecas, pero a mi hija ya la conocen porque siempre la llevo conmigo, yo antes corría solo pero ahora siempre con ella”.
La Gran Carrera de México es multicultural y colorida: cruza la meta Mario Soto, alias “la Tapita”, un parrense de 58 años al que no le importa tener un solo brazo, mientras tenga dos piernas para correr.
“ Para la cuesta, unos dulces de Parras, pero mejor un caguamón”, dice provocando la risa de quienes lo escuchan.
Y también la señora Eleazar Sánchez, de 69 años, con más de 20 años participando en carreras.

“ Este está bien cab**n”, asegura mientras toma aire, “corrí el de Jalisco, el de Mazatlán, San Luis Potosí y no están tan difíciles, pero este sí”.
Los corredores que finalizan el recorrido se recuperan en las carpas; ya pasan de las 10 y los lomitos pasean como si fuera la Ruta Recreativa.
Todos lucen felices, con la satisfacción del deber cumplido, así que no dudan en irse a casa a darse un baño y luego celebrar con menudo, barbacoa o una carnita asada.
“ Fueron meses de preparación pero siempre vale la pena, se siente bien chido cuando se cumple una meta; esta es la primera vez que participo y no será la última, pero ya luego pensamos en eso, ahorita a festejar”, comenta Inés, una joven que lucha con su sobrepeso.
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