Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Se queda el IEC un año más sin presidencia ¡Imparable! Cristiano Ronaldo marca hat-trick y queda a 15 goles de los mil El diagnóstico tardío de la enfermedad renal le cuesta a México casi 70 mil vidas al año Cristiano Ronaldo alcanza los 985 goles con un triplete ante el Al Kholood Patrick Stewart e Ian McKellen: El ‘bromance’ que conquistó Hollywood

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

Volver al origen

Por Gerardo Hernández

Hace 4 años

Las historias de los rusos Dmitry Muratov y Ana Politkóvskaya, la filipina Maria Ressa y la mexicana Miroslava Breach conectan con Ryszard Kapuscinski (1932-2007), para quien el periodismo es, ante todo, un oficio para gente buena, no para cínicos. El polaco ganó el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2003) debido a «su preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo, que han tratado de tergiversar su mensaje». Kapuscinski explica en una frase la decadencia de la prensa, avasallada por el mercantilismo y la suplantación de quienes, como él, ven en su ejercicio una misión, por farsantes: «Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante».

Mas siempre existirán periodistas cuyo compromiso con la verdad, los valores democráticos, la paz y los derechos humanos arranquen máscaras, incordien al poder y lo trasciendan. Junto con Carmen de Burgos, Ernest Hemingway, Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez, Oriana Fallaci, Bob Woodward, Truman Capote y Carl Bernstein, Kapuscinski figura entre los mejores reporteros del siglo 20. El periodismo no es para enriquecerse ni para volverse estrella, dice el autor de El Imperio, La Guerra del Futbol y El Mundo de Hoy. Su propuesta de que los medios superen la crisis de los medios de comunicación tiene una salida: volver al origen.

Utilizar la noticia como instrumento de manipulación, control y lucro la desnaturalizó y puso en entredicho a los medios de comunicación. En el caso de México, los poderes público y económico se abalanzaron sobre la prensa para someterla a intereses ajenos o abiertamente contrarios al bien común. Poseer periódicos y estaciones de radio y televisión brinda impunidad y permite imponer agendas, fabricar o anular carreras políticas y obtener contratos de Gobierno en condiciones ventajosas. En este contexto cobran relevancia los medios independientes; y los oficialistas, fácilmente identificables, se vacían de lectores, audiencias y anunciantes.

En una entrevista titulada «Los periodistas se han vuelto hombres que no piensan», Kapuscinski dice a Juan Pablo Toro que uno de los grandes peligros que afronta la prensa «es que la discusión sobre periodismo (su contenido, su sentido y su misión) está desde hace algún tiempo dominada por gente que no es periodista, sino por técnicos y hombres del mundo financiero (el big business). Ellos tratan la información como una mercancía; no les interesa mucho lo que es el objeto del periodismo: la búsqueda de la verdad. Por el contrario, lo que les interesa es que la información sea atractiva para ser vendida fácilmente. Y ese cambio de criterio nos lleva hacia un camino muy peligroso, porque se pierde lo que siempre fue preocupación de los periodistas (al menos de los periodistas serios y responsables). Por ejemplo, tenemos el caso de la ética en el periodismo, de la que ya no se habla» (Cuadernos de información, julio de 2007).

Luego de observar otros fenómenos inquietantes y peligrosos, el también historiador, ensayista y poeta concluye: «Los periodistas se han vuelto hombres que no piensan, que no tienen cabeza, que no opinan, sino que son trabajadores corrientes de cualquier cadena de producción en serie de la Ford. El periodismo en sus mejores manifestaciones cuenta con grandes políticos, pensadores y sociólogos. Antes de dedicarse a este campo, muchos hombres que se convirtieron en periodistas eran doctores, profesores universitarios, poetas: siempre algo afuera o más allá de la profesión netamente periodística. De hecho, tenemos el caso de Churchill, que fue un gran periodista».

El exprimer ministro del Reino Unido, quien trabajó como corresponsal de guerra para The Morning Post y escribió The World Crisis, entre otros libros, ganó el Premio Nobel de Literatura lo mismo que Hemingway, García Márquez, Mario Vargas Llosa, la bielorrusa Svetlana Aleksiévich (Las Voces de Chernóbil) y otros periodistas. Pero solo cuatro han obtenido el de la Paz: Alfred Hermann Fried (1911), Carl von Ossietzky (1935) y ahora Maria Ressa y Dmitry Muratov.

Notas Relacionadas

Se queda el IEC un año más sin presidencia

Hace 13 minutos

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 5 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 5 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 5 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 5 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 12 horas

Confirmado y amarrado