Internacional

Publicado el viernes, 13 de marzo del 2026 a las 00:17
Teherán.- La noche había caído en Teherán cuando Marzieh, de 44 años, se acomodó frente al televisor. Vestía pijama y esperaba terminar el día sin sobresaltos. De pronto, la casa empezó a sacudirse.
Diez segundos bastaron para que todo cambiara.
Tres misiles impactaron en su barrio, Resalat, en el este de la capital iraní. “Boom, boom, boom”, recuerda. El edificio vibró con tal fuerza que, dice, parecía un terremoto de gran magnitud.
Tres días después del ataque, Marzieh camina entre los restos de lo que fue su hogar. Pedazos de vidrio, muebles destrozados, ropa cubierta de polvo. Se detiene, observa, y suelta una risa nerviosa mientras intenta ordenar el recuerdo.
“Creo que voy a necesitar terapia para poder superar esto”, cuenta.
Cuando ocurrieron las explosiones, los cristales de las ventanas estallaron. Marzieh salió corriendo descalza y en pijama hacia la calle. Afuera se encontró con una vecina que también huía. Nadie sabía con exactitud qué había pasado.
La agencia Tasnim News Agency, cercana a la Guardia Revolucionaria Islámica, informó que 40 personas murieron en los ataques en esa zona. Hasta ahora, ninguna autoridad ha confirmado esa cifra.
Este jueves, la escena en Resalat es la de un barrio quebrado. Máquinas retiran escombros mientras vecinos revisan lo que quedó de sus casas.
Entre los restos aparecen bicicletas torcidas, electrodomésticos destrozados y montones de ropa. Son fragmentos de vidas interrumpidas.
Un hombre muestra fotografías de unas niñas y asegura que siguen bajo los escombros. No hay confirmación oficial sobre ese caso.
El objetivo del ataque no era la casa de Marzieh. A pocos metros se encontraba un cuartel de la milicia Basiji, ahora destruido.
Marzieh sabía que la base estaba ahí, pero nunca imaginó un ataque de esa magnitud.
A unos metros, Fatemeh, de 54 años, intenta rescatar lo poco que quedó de su vivienda. Revisa entre cascajo y polvo, separa algunos objetos que aún pueden servir.
Ella y su familia abandonaron la casa tres días antes del bombardeo.
“Nos fuimos porque temíamos un ataque”, explica. Su vivienda estaba a unos metros del cuartel. Decidieron pasar esos días en casa de sus suegros.
Regresó para encontrar la casa prácticamente destruida.
“Es terrible. Hemos perdido todo”, dice.
La devastación no se limita a este barrio. Tras casi dos semanas de bombardeos en el país, los daños se multiplican en distintas zonas.
La Media Luna Roja Iraní reportó 13,785 edificios civiles afectados, entre ellos 11,293 viviendas y 65 escuelas.
El número total de víctimas sigue siendo incierto. El último recuento difundido el 5 de marzo por la Fundación de los Mártires y Asuntos de los Veteranos hablaba de 1,230 muertos hasta ese momento.
Mientras tanto, en barrios como Resalat, los vecinos continúan removiendo escombros. Y cada vez que el ruido de un caza militar cruza el cielo, muchos levantan la mirada con la misma pregunta: dónde caerá el próximo misil.
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