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Vuelve Elena Garro

Por Guadalupe Loaeza

Hace 5 dias

Sí, Elena Garro, a quien conocí y de quien fui muy amiga cuando vivía en Cuernavaca, hoy por hoy, está más viva que nunca, no obstante haber muerto en 1998.

Una editorial española se ha propuesto reeditar sus libros porque, como apunta la cineasta española Isabel Coixet, “Elena Garro fue una escritora que pagó el precio más alto por su honestidad intelectual: el ostracismo, la persecución y el olvido deliberado” (XLSemanal).

Hay que decir que, hoy por hoy, editoriales españolas están publicando y revalorizando su obra. Finalmente, y después de muchos años, se le reconoce en Europa como la pionera del realismo mágico.

Antes de que Gabriel García Márquez publicara su extraordinaria novela Cien Años de Soledad, Elena Garro ya había construido una obra literaria sumamente original, mientras padecía los celos, la violencia y el machismo de su marido, Octavio Paz.

Ah, cómo le dio lata, no le perdonaba su inteligencia, pero sobre todo su audacia para ser ella misma, como tampoco la perdonó la élite intelectual mexicana de la época. Elena Garro era única a pesar de sus resentimientos y de sus desencuentros con su única hija, Elena Paz.

Cuando el crítico literario Emmanuel Carballo le preguntó a la autora de Los Recuerdos del Porvenir, si creía en la felicidad, ella le contestó: “Sí, porque me acuerdo que la practiqué en la infancia”.

En efecto, así surgió llena de sueños y travesuras, en Iguala, Guerrero, pero, sobre todo, sumergida en la libertad. Era tan feliz Elena al lado de su hermana Deva y de sus padres, que tal vez esa niña que fue nunca murió en ella.

Sí, esa niña que era tan rebelde que no sentía remordimientos, no dejó de existir jamás. Elena fue traviesa toda la vida, y cuando ya era muy mayor se lamentaba de no poder jugar en el suelo o salir a correr por las calles de Cuernavaca.

Por eso, en una ocasión dijo: “Existe en mí una niña interior y es muy feliz; vive entre rehiletes y carruseles, jugando con sus amigos y hermanos, corre y pasa el día comiendo algodones de azúcar que venden en los parques”.

Últimamente, las revistas del corazón y de moda españolas han revivido la obra de Garro. Para el periodista cultural César Suárez, nuestra escritora es como “una joya oculta” y se pregunta cómo es posible que no supiera de ella antes.

Cuando ya hubo leído su novela Los Recuerdos del Porvenir, y su magnífica biografía, La Reina de Espadas, escrita por Jazmina Barrera, quiso saber más de la “extraordinaria vida de esta mujer, que estuvo conectada con los grandes escritores latinoamericanos de mediados de siglo 20…” (Telva).

En lo personal, me gustaba mucho platicar acerca de Elena Garro con su enamorado más persistente, Archibaldo Burns, director y guionista de la cinta Juan Pérez Jolote y de la novela Botafumeiro.

Una tarde que lo fui a ver a su departamento de la calle Nueva York en la colonia Nápoles, le pregunté: “Dime, Archibaldo, ¿cuál fue tu último sueño? Si te pregunto es porque sé que sueles soñar mucho, eso te gusta, aunque a veces temes tus pesadillas.

“A lo mejor la última noche soñaste con Elena Garro, de la que tanto te enamoraste, eras tan romántico. Dime si fue el amor de tu vida. Dime si te quedaste sin un centavo por haberle comprado un departamento en París.

“¿Te acuerdas que me contaste que era mucho más talentosa que Octavio Paz, y que incluso nuestro poeta hasta le empezó a tener envidia a la que entonces era su esposa?

“¿Verdad que te divertía mucho Elena? Todo te gustaba de ella, cómo se vestía, lo que decía, lo que escribía y lo que leía. Te gustaba acompañarla a las manifestaciones de los campesinos de Morelos, vestida de Christian Dior.

“¿Qué tal cuando fueron juntos a París y que una mañana amaneció el lobby del hotel donde se encontraban hospedados repleto de ‘clochards’ que venían a pedirte que los ayudaras? ‘Es que todos me recuerdan a mi papá’, te decía de lo más enternecida”.

Podría platicar acerca de Elena Garro y sus gatos durante tardes enteras. La extraño.

Lástima que no puedo contarle que varias editoriales españolas reeditarán sus libros y así miles de lectores podrán descubrir a una autora fuera de lo común.

Y lástima que no podamos platicar de las vueltas que da la vida, ya que Octavio Paz murió cuatro meses antes que ella, el mismo año, 1998. El destino lo quiso así.

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