Saltillo
Publicado el lunes, 16 de junio del 2025 a las 16:26
Saltillo, Coah.- Una vez más, la calle Sauce de la colonia Ignacio Zaragoza se convirtió en un balneario improvisado luego de que, durante este fin de semana, una familia decidiera volver a instalar una alberca desmontable sobre el pavimento, tal como lo hizo por primera vez hace un año.
La iniciativa surgió en junio de 2023, cuando Guadalupe Medrano López, mejor conocida como “Lupita”, decidió combatir las altas temperaturas de Saltillo (que en aquellos días superaban los 40 grados) instalando una alberca desmontable de más de 5 mil litros frente a su casa. Logró reunir firmas de vecinos, tramitó permisos ante Tránsito y recibió el respaldo de toda la cuadra.
El agua no se desperdicia. Al término del uso recreativo, es donada a ranchos o utilizada para el riego de plantas. La comunidad, sobre todo los niños, convirtió esa calle en un refugio contra el calor sofocante.
Este año, con la llegada de una nueva ola de calor a la capital coahuilense, la familia decidió repetir la fórmula: este fin de semana volvieron a colocar la alberca, para alegría de los pequeños y vecinos que ya conocían la dinámica. Aunque no se ha hecho público si en esta ocasión contaban nuevamente con los permisos municipales, la instalación no generó conflicto alguno entre colonos.
La alberca volvió a convertirse en punto de reunión. Se vio a niños de otras colonias como Mirasierra y Ampliación Zaragoza llegar con toalla en mano, buscando un poco de agua y comunidad.
Aunque es una acción que puede generar opiniones encontradas por el uso del espacio público, el consenso entre los vecinos ha sido positivo. Para muchos, representa no solo una forma de combatir el calor, sino también de recuperar el sentido colectivo de la calle, de volverla sitio de encuentro, de juego, de convivencia.
Por ahora, no hay fecha de retiro de la alberca, pero se prevé que permanezca activa mientras las temperaturas sigan por encima de los 35 grados. La familia que la instala ha reiterado su intención de cuidar el agua, mantener la limpieza del área y garantizar la seguridad de los menores que la utilicen.
En tiempos donde el calor extremo y la escasez de espacios públicos seguros afectan a cientos de familias, el gesto sencillo de montar una alberca en la calle cobra un nuevo valor: el de la solidaridad, la organización vecinal y el deseo de refrescar, no solo los cuerpos, sino también la convivencia.
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