Saltillo

Publicado el sábado, 16 de abril del 2022 a las 13:59
Saltillo, Coah.- Después de dos años el Jesús Preso volvió a sonar para acompañar la procesión que la Virgen María realiza por la muerte de su hijo. Ahora, acompañada por un grupo de dolientes que, en silencio, iniciaron la marcha por la iglesia San Juan Nepomuceno.
Ayer, durante el viernes santo, la Procesión del Silencio se llevó a cabo en el Centro de la ciudad, tras dos años de pausa ante la pandemia de Covid-19 que azotó al mundo y que, aún hoy en tiempos santos, es un recuerdo físico cuyo símbolo es el cubrebocas.
Organizado por la Diócesis de Saltillo en colaboración con el Instituto Municipal de Cultura (IMCS), la marcha hizo su tradicional recorrido por Hidalgo hasta llegar a la Plaza de Armas, si bien ahora mucho más pequeña ante las restricciones que aún existen, pero que no evitaron que un nutrido número de asistentes viera a las 22 mujeres que abrieron el recorrido de la Virgen María.
Así, ataviadas de negro, el color del duelo, avanzaron lento hacia un sitio: la Catedral de Santiago. En su camino, un grupo de 22 músicos marcaba su ritmo con trompetas, trombones y percusiones que dotaron al ambiente de una atmósfera solemne y densa, que se acrecentó con el caluroso día primaveral.
“Ahí va”, “mira”, “ahí está”, se escuchaba decir a los feligreses que se dieron cita y acompañaron la caminata durante media hora al ver pasar la figura de la madre de Jesús que vestía de negro y dorado, que era cargada por seis hombres, que precedían, a su vez, a ocho cófrades de San Juan Nepomuceno que, con sus capirotes blancos contrastaban con sus túnicas oscuras, que en el centro poseían un rostro: el de Jesucristo mirando hacia el cielo.
A pesar de las voces que exclamaban y los celulares que grabaron el evento, también hubo algunos comentarios de decepción ante la pequeña comitiva, especialmente al llegar a la Catedral, en donde se esperaba algo más: un recital con los alumnos del Centro de Estudios Musicales Jonás Yeverino, también del IMCS.
Así, los jóvenes músicos y miembros del coro interpretaron el Stabat Mater, el poema medieval que resume en su lírica y melodía, el dolor de María ante la muerte de su hijo. Un final que fue dirigido por Eduardo Figueroa y que llenó a la Catedral de Santiago de esa aura litúrgica, solemne, dolorosa pero también esperanzadora que estas fechas brindan.
Fotos: Armando Aguirre
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