La prisa no vale una vida. Conduce con la cabeza, no con prisa, porque a veces salimos… pero ya no regresamos.
Te apresuras al trabajo o a la escuela, porque te levantas tarde. Apresurados, vamos a casa, como si alguien nos persiguiera y a veces no regresamos. Para muchos la prisa no tiene reglamentos, ni límites de velocidad y la ausencia de la policía, nos alienta, pero a veces no regresamos.
El feroz al volante es un fenómeno que va más allá de la simple necesidad de llegar a tiempo; es una compleja interacción entre infraestructura vial, cultura laboral y sicología colectiva, pero a veces no regresamos.
La vida es un viaje; hazlo seguro, conduce con responsabilidad, pues es además es un acto de amor hacia la vida. Mantén la calma y la concentración al volante, porque a veces no regresamos.
El reloj marca el tiempo del acelere y la presión urbana el de la muerte. En el freno está la vida y recuerda: cinturón abrochado, destino asegurado. Antes de pitar, aprende a frenar, porque a lo mejor ya no regresamos.
No sólo mires al de enfrente, mira más allá, porque a la vuelta de la esquina te espera un nuevo camino. Has conciencia y evita accidentes, respeta tu vida, las de los demás y las normas de tránsito… porque a veces no regresas.
No uses el teléfono celular, ni te distraigas un solo segundo al volante; la prevención salva vidas. Respeta los límites, pues la velocidad excesiva aumenta de forma drástica el riesgo de muerte. Recuerda: a veces ya no regresamos.
El uso del cinturón de seguridad reduce de manera significativa el riesgo de lesiones fatales. Respeta las señales y protege a los usuarios más vulnerables: el peatón, el ciclista y el motociclista, porque a veces ya no regresamos.
La seguridad en la ciudad y en la carretera es tarea de todos, ya sea que te desplaces como conductor, ciclista o peatón. Disminuye tu velocidad, pues te da más margen de seguridad, y acuérdate: a veces ya no regresamos.
El tráfico en Saltillo no es sólo un inconveniente, sino una variable de la rutina diaria. Te levantas tarde y quieres llegar temprano. Regresas del trabajo a toda prisa, cuando la calma te puede garantizar la llegada. A veces ya no regresamos.
Nos encontramos atrapados en un círculo vicioso, corto el tiempo, las largas distancias y las vialidades generan una ansiedad constante. El tiempo mal planificado y el traslado transforma el trayecto en una carrera contra el reloj, donde cada segundo detenido se percibe como un fracaso personal o laboral. Pero a veces no regresamos.
El espacio vial se interpreta como un territorio de competencia más que de convivencia. La prisa fomenta conductas de riesgo y por ende los accidentes, a veces fatales, pero a veces ya no regresamos.
La prisa no agiliza el flujo vehicular, sino que lo entorpece. Los frenazos bruscos, los choques por alcance y la falta de cortesía vial son las principales causas de los “cuellos de botella” que hacen lento el trayecto. La urgencia de cada conductor es un retraso colectivo donde el individualismo y la falta de cultura resultan contraproducentes… Pero a veces no regresamos.
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