Nadie podrá cuestionar la premisa de que es necesario atacar las causas profundas que alimentan la violencia en nuestro país.
Nadie podrá negar que la pobreza, la marginación, la desigualdad; la falta de oportunidades laborales y de acceso a una educación de calidad, así como a espacios culturales, deportivos y de esparcimiento pueden significar detonantes para la inseguridad.
También habría que reconocer que las actuales condiciones socioeconómicas y culturales, tan hostiles para la inmensa mayoría de los mexicanos, no son producto de generación espontánea, sino que responden a décadas de omisiones, ineficiencias, excesos y corruptelas de gobiernos, de todos los niveles, que dominaron el escenario nacional.
Sí, en este entramado social tan contaminado es que podemos encontrar sino todas, la mayoría de las causas que alimentan la violencia en nuestro país.
La cuestión es que atacar y disminuir estas causas es tarea que implicará décadas de un esfuerzo sostenido, no solo en materia de políticas públicas, sino de un compromiso de diversos actores sociales y económicos.
Pero, en vía de mientras ¿acaso resulta válido y sostenible dejar hacer, dejar pasar, no reprimir, no enfrentar a quienes hoy salpican de sangre literalmente toda la geografía nacional?
Quién sabe si en un futuro lejano dejen de existir esas condiciones tan hostiles que marcan hoy la vida de la mayoría de los mexicanos, pero lo que resulta al menos cuestionable es exigir a la población “aguantar” un presente sumido en la violencia, mientras se proyectan escenarios idílicos, para el futuro, que es eso y, por ello, incierto.
Finalmente, como anotación al margen, una frase del obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera, del que aún sus críticos más severos no podrán acusarlo nunca de conservador y menos de ser un sacerdote “apergollado por la oligarquía”, y cito: “la violencia va en aumento y lo tienen que resolver el Gobierno federal y los estatales. Ya no podemos tener gobiernos que solo contemplen”.
Y tiene razón, no podemos tener gobiernos que contemplen cómo la violencia gana terreno en todo el país.
Más sobre esta sección Más en Coahuila