Llamamos clásico a aquello que trasciende el tiempo, a aquello que es digno de ser imitado o de tomarse como ejemplo. En este caso, si hablamos de música para cine podemos mencionar bastantes compositores, pero uno en especial es de quien podemos cantar más de una melodía muchos de nosotros: John Williams.
Las influencias de Williams son varias, Max Steiner (Lo que el Viento se Llevó), Bernard Herrmann (Ciudadano Kane o bastantes de Alfred Hitchcock) como ejemplos de compositores destacados en el cine. En el lado clásico están Korngold o Wagner y su idea del leitmotiv: ese tema que identifica a un personaje, objeto o situación y por lo que sabemos que se trata de un tiburón, un arca perdida, un malvado de las galaxias o un mago adolescente.
Son innumerables los filmes que John Williams ha musicalizado: El Violinista en el Tejado, Tiburón, Star Wars, algunas de Harry Potter, E.T., Indiana Jones, La Lista de Schindler, Jurassic Park. Y la lista podría seguir.
Algunas de estas obras musicales son más memorables que otras. Todo depende de los gustos fílmicos de cada quien. Sin embargo existen obras de Williams que no fueron pensadas para acompañar una narrativa visual. Ni si quiera como acompañamiento de alguna otra expresión artística, sino simplemente como composiciones orquestales. Tal es el caso de su concierto para chelo y orquesta y otras composiciones que esta semana sugiero.
La música para una película debe siempre acompañar los eventos y hasta hacerlos más intensos para los que vemos el film. Una composición adecuada en un momento dado durante una película puede arrancarnos las lágrimas o hacernos saltar de terror. En este sentido siempre está supeditada a lo que la película narre. No es el caso del álbum de esta semana; una música libre en ese sentido.
Obras compuestas por John Williams que le permiten ser más aventurero al momento de explorar las nuevas posibilidades sonoras. Es por esto que hasta el mismo compositor cree que puede ser más libre y expandir sus propios límites.
Su concierto para chelo fue dedicado para uno de sus amigos y gran personalidad de la música clásica: Yo-Yo Ma. Este chelista ha tocado prácticamente todo el repertorio musical para su instrumento y en este álbum se convierte en el héroe guiado en la batuta por el propio compositor. Sin ser una música pensada para un filme, estas obras tienen un carácter lleno de imágenes en donde el chelo participa como personaje principal. Sin duda el legado indiscutible de John Williams va más allá del cine.
Que lo disfruten.
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