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Coahuila

Zócalo ecuestre

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 4 años

Para celebrar al máximo nivel este 20 de noviembre, aniversario de la Revolución Mexicana, estuve en el mejor lugar que puede haber en México para hacerlo, El Zócalo, y además para llevarlo a cabo de manera inmejorable, estuve montado en el vehículo en el que me gusta más viajar, a caballo.

Hace 11 años, en la cabalgata nacional que tuve fortuna de realizar, al pasar por la Ciudad de México, unos motociclistas de Policía y Tránsito me hicieron favor de abrirme camino cerrando avenidas y calles a mi paso, y gracias a ello, pude atravesar la ciudad galopando desde el lienzo charro del pedregal (ubicado en Tlalpan, a la entrada de México, viniendo de Cuernavaca) hasta el Ángel de la Independencia, recorriendo alrededor de 20 kilómetros en un solo caballo.

Subí las escalinatas del monumento hasta llegar a la base de la estatua, y al ir ascendiendo por esos centenarios escalones, sentí un muy intenso fervor patriótico; al sonar los cascos del caballo escalón por escalón, pensé en los jinetes y caballos que habrían estado ahí precisamente hacía 100 años, en 1910, fecha que marcó el inicio de nuestra Revolución, y también pensé que tal vez hacía también muchos años que nadie había subido a caballo hasta allí, ya que se trata de un monumento nacional, y se requiere de un permiso especial para poder llegar hasta la cúspide.

Después los motociclistas me hicieron favor de escoltarme hasta el Monumento a la Revolución, donde volví a sentir el consabido y agradable escalofrío patriótico.

Ahora en este noviembre del 2021, a 11 años de mi cabalgata y 111 del aniversario de la Revolución, tuve la fortuna de estar en otro histórico lugar de nuestra patria, el Zócalo, frente a Palacio Nacional. ¿Cómo sucedió? Pues resulta que hace 2 años, en el 2019, ya se había invitado por parte del Gobierno federal a varias asociaciones de cabalgantes a participar en el desfile conmemorativo del 20 de noviembre, el cual precisamente pasa por el Zócalo frente a Palacio Nacional. En esa fecha no pude asistir por cuestiones de trabajo, pero en esta ocasion la fecha se acomodó a mis circunstancias y compromisos, pero ahora el problema era que lamentablemente no acudirían cabalgantes de Coahuila al evento. Entonces me di a la tarea de averiguar qué asociaciones irían a México al desfile, y gracias a mi hermano cabalgante “Súper Pilo” Perales, supe que los Cabalgantes de Nuevo León sí acudirían a la cita en la capital de la nación. Otro muy querido Hermano Cabalgante, Víctor Castillo, me hizo favor de contactarme con el Presidente de los Cabalgantes de Nuevo León, José Luis “Chocho” González, quien muy amablemente hizo lo pertinente para que yo pudiera acompañarlos y él mismo me prestó un caballo prieto muy bonito y entusiasta.

Agradezco nuevamente a Chocho y a los 30 hermanos cabalgantes de Nuevo León con quienes tuve el honor de participar. Desfilar es muy cómodo y agradable, lo cansado es el tiempo de espera con todo y caballos en las calles aledañas al Zócalo, que en esta ocasión fue desde las 6 de la mañana hasta la 1 de la tarde, el horario en el que nos tocó empezar a dirigirnos hacia Palacio Nacional. Los compañeros me comentaron que hace 2 años, en el anterior desfile, hubo tal vez 10 veces más caballos y el horario de espera inició desde las 2 de la madrugada. En una próxima columna relataré los pormenores de la travesía, ya que en el espacio que me queda, quiero incluir un poema patriótico que fue escrito para esta fecha conmemorativa.

Yo quiero ser mexicano

Yo quiero ser mexicano, mexicano de verdad, y le pregunto a mi patria, que le puedo dar que no le hayan dado ya.

Mi sangre, mi mente, mi vida, mis ilusiones, mis sueños, mi alegría si fuera necesario todo esto lo daría.

Pero ya muchos murieron y ofrendaron todo lo que tenían para darnos lo que ahora es México, hasta llegar a este día.

Yo quiero ser mexicano, mexicano de verdad, y me pregunto… qué es lo que a mí me toca conservar.

Un Himno, un escudo, una bandera, una nacionalidad… yo creo que México en parte es eso pero también es mucho más.

México es más que colores, que sonidos, que sabores más que solo una identidad.

México es el dolor hecho furor, la derrota convertida en aliciente, la oscuridad en llama ardiente, la soledad en heroísmo, la adversidad en patriotismo.

México no se raja, México no se acaba el corazón de México es como el nopal, como el maguey, es fibroso, duro y espinoso, pero también tierno y jugoso.

México es poesía, es historia, cultura, fiesta, comida.

México es arte, música, toros, gallos, charrería. México es tierra bravía. México es selva, desierto, montañas, valles, ríos, mares y lagunas.

México es todo esto, pero también es mucho más, porque para mí, México no está solo en un mapa, yo me lo encuentro en las venas, lo llevo dentro del alma.

México es Independencia, Reforma y Revolución. México es Hidalgo, Allende, Juárez, Madero, Zapata y Villa.

México es nobleza, pundonor, pasión, resistencia, solidaridad, franqueza.

México es todo esto, pero también hay algo más que no debería de estar.

En el México de hoy hay llanto, hay temor, hay tinieblas, confusión, hay egoísmo, hay desunión.

Yo quiero ser mexicano, mexicano de verdad, de esos que no se rajan, a los que la Patria no se les acaba, y le pregunte a mi patria qué le puedo dar que en este momento le pueda faltar, y ella me contestó.

Me estorban quejas, lágrimas y lamentos, me sirven soluciones, valores y fundamentos, dame tu amor y tu afecto, dame tus brazos y tus manos, dame tu corazón y tu intelecto, dame tu perdón y tu arrepentimiento, dámelo todo hasta quedarte exhausto.

Pero no me lo des a mí; dáselo a todos esos que están a tu lado, dáselo a ellos, dáselo porque son tus hermanos, dáselo porque todos ellos, ¡también son mexicanos!

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