Arte

Publicado el martes, 24 de enero del 2023 a las 11:28
Ciudad de México.- En rinconcito de la librería de viejo Jorge Cuesta, de la Colonia Juárez, alberga los ejemplares que requieren ser restaurados.
Ahí trabaja Javier Idaza, de 70 años, un médico de libros quien, pacientemente, da cuidado a las páginas y encuadernados que, por el tiempo, el exceso de uso o la falta de cariño, han resultado dañados.
Lo que comenzó como un pasatiempo para Idaza, se convirtió en un trabajo, luego de que hace tres años sufrió un paro cardiaco.
Por más de 40 años, el hombre, originario de Veracruz, trabajó como tintorero, empleo en el que se veía obligado a permanecer de pie por 12 horas al día, mover cargas pesadas y estar expuesto a los solventes que se utilizan para desmanchar ropa y otros textiles.

A lo largo de ese tiempo, comenzó a revivir el gusto por la lectura, un hábito por el que había sentido inquietud en su infancia, pero que no pudo ejercitar.
“Yo me acuerdo que de niño lo que más quería era leer bien para poder entender las revistas de mi papá, pero eso no pasó, porque él nunca me dejó agarrar una, por miedo a que yo le estropeara una. Crecí y mi cabeza se concentró en otras cosas, trabajo, sobre todo, pero la lectura comenzó a llamarme la atención ya grande, pero pasó”, relató.
Los libros lo ayudaban a despejarse en sus tiempos libres y, hace unos 15 años, conoció la librería de viejo El Hallazgo, del coleccionista Max Ramos.
A esta acudía en las mañanas, antes de entrar a la tintorería. Compraba un libro, hojeaba y platicaba con Max. Poco a poco se hizo un gran lector y curioso por los libros.

Un años después, Ramos abrió la librería Jorge Cuesta, en la Colonia Juárez. Idaza también se volvió en un visitante asiduo del espacio y, por curiosidad, tomó los talleres de reparación y encuadernación que se ofrecían a los trabajadores. Antes de ir a su trabajo como tintorero, pasaba al local a reparar uno o dos libros, tomaba café y daba comienzo a su día.
“Los domingos eran mis días libres en la tintorería, y yo pedí trabajo aquí para estar más tiempo leyendo y en contacto con los libros que tanto me gustan, pero de repente ya trabajaba en las mañanas reparándolos, y eso me daba mucha vida y paz”, recuerda.
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