El 2 de marzo del 2006, se reveló un estudio por la Administración Nacional de Océanos y la Atmósfera, sobre el deshielo de la Antártida.
La capa de hielo de la Antártida, tiene un grosor de 4,8 Km y almacena el 90% del agua dulce del mundo. El estudio señala, que cada año desde el 2002, la Antártida pierde un volumen de 152 Kilómetros cúbicos de hielo.
El deshielo de ese continente, provoca alteraciones climáticas en todo el mundo, pero la capa de hielo de la Antártida, tiene mayor capacidad para aumentar el nivel del mar. Esto significa que, si todo el hielo se derrite, el nivel global del mar escalaría hasta 58 metros, lo cual provocaría la sumersión de muchas islas y ciudades en el mundo.
Pero, ¿qué significa todo esto para nosotros?, el derretimiento de los glaciares, nos dejará un planeta sin hielo a causa de la emisión gases y dióxido de carbono, que son producen el efecto invernadero.
Así, la desaparición de los glaciares, se traduce en menos agua para el consumo humano, menos capacidad para generar energía hidroeléctrica y menos disponibilidad para el regadío.
El calentamiento global también afectará la biodiversidad natural. De acuerdo con un estudio publicado por la Universidad de Connecticut y publicado en la revista Science, con ello se extinguirán distintas especies, y el cambio climático será el responsable de acabar con el 8% de las conocidas, aunado a que durante el último siglo, hemos contribuido a la desaparición de casi un tercio de las especies, esto es más de 25 mil.
Para detener este fenómeno, es imprescindible salvar a los glaciares del deshielo y para ello se ha propuesto bajar las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2), de un 45%, hasta llegar a cero después de año 2050.
El CO2, es un gas natural que retine el calor, así como el metano y el óxido nitroso y aunque estos se encuentran de manera nutual en el planeta, forman una capa en la atmosfera que impiden su salida, aumentando con ello la temperatura de la Tierra. El hombre es el único responsable, de este fenómeno, pues su actividad ha contribuido a que la acumulación de los gases sea más alta y por lo tanto, sea más difícil su eliminación natural.
Los datos nos revelan que las emisiones mundiales de dióxido de carbono en el 2021, fueron los más altos de la historia, a consecuencia del COVID-19, ya que la recuperación dependió en gran medida del carbón.
Las emisiones se reparten, sobre todo, entre cinco sectores: transporte (28%), industria (26%), generación de electricidad (23%), edificios (13%) y agricultura (12%). Sin olvidar los combustibles fósiles, que son la principal fuente (80%) de Gases efecto invernadero (GEI).
Así, por ejemplo, naturalmente, un árbol, absorbe el CO2 de la atmosfera, lo almacena en su estructura y libera el oxígeno nuevamente a la atmosfera, pero para ponerlo en perspectiva, un árbol solo es capaz de absorber entre 10 y 30 Kg de CO2 al año y se requieren 22 árboles para compensar la demanda de oxígeno de una persona al día.
Conforme a datos de la ONU, más de 70 países se han comprometido a la neutralidad de sus emisiones de carbono para el 2050. El Acuerdo de París firmado en el 2015, compromete a los países a la generación de energías renovables, por lo que tocará a los gobiernos y a quien lo genera en grandes cantidades, ver la manera de cumplir los acuerdos.
Pero nosotros no estamos alejados del acuerdo, también podemos contribuir con diferentes acciones a evitar el calentamiento global, entre ellas; reduciendo el consumo de agua, cuidando o contribuyendo a las zonas vedes de nuestras ciudades (ya que funcionan como pulmón de oxigeno), modificando la forma en la que nos trasladamos y recurrir a las caminatas o la bicicleta -que también ayudará a nuestro organismo-, llevar nuestro vehículo de manera habitual a una revisión, consumir menos carne y en general utilizando menos aparatos eléctricos.
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