Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Rompe Taddei con proveedor por contratos; exhiben pelea por negocios en el INE “¡Cuba sí, bloqueo no!”: protestan en Reforma contra embargo económico de EU Afirman alumnos que programa “El Valor de Educar” frena la deserción universitaria Video viral: pipa arrastra un auto en plena avenida de Monterrey Los asesinos seriales más conocidos de México

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

50 segundos

Por Columnista Invitado

Hace 4 años

Solange Márquez
Twitter: @solange_

Un serio Erdogan esperaba en el vestíbulo a que su anfitrión lo recibiera. Su anfitrión: Vladimir Putin. Era el 5 de marzo de 2020. Dos minutos pasaron antes de que la puerta se abriera para recibir al Presidente turco.

Es de sobra conocida la tendencia a la impuntualidad del Presidente ruso. Sin importar el nivel del interlocutor con el que vaya a reunirse, Putin, llegará tarde. Muchas figuras importantes han sido víctimas de su mal hábito que puede ser de dos minutos, como el caso de Erdogan en 2020, hasta más de cuatro horas, como fue el caso de la canciller alemana Ángela Merkel.

Su actitud intenta ser una muestra de poder. Al menos así fue el caso con el Presidente turco en 2020. Pero eso fue antes de invadir Ucrania.

Vladimir Putin ingresa a la sala y se coloca frente a la silla que le corresponde. 50 segundos pasaron hasta que Erdogan hace su aparición sonriente, tranquilo y sin dejo de remordimiento alguno. Eso fue el martes pasado.

La relativa impuntualidad de Erdogan obedece no sólo a una especie de dulce venganza. Obedece a su propio entendimiento de la soledad en la que está su homólogo ruso y su ingente necesidad de mantener a sus aliados.

La reunión del Presidente ruso con sus homólogos de Irán y Turquía tuvo como objetivo conversar sobre Ucrania y otros temas. Entre ellos el suministro de gas para la Unión Europea, los granos de Ucrania y la intención de Turquía de revivir un conflicto en Siria con miras a que Erdogan se posicione rumbo a las elecciones del 2023. Putin sabe que tiene en sus manos frenar la crisis energética y la inflación en la Unión Europea, todo a cambio de que se acepte la anexión rusa del Donbás y se levanten las sanciones económicas contra Rusia.

Para demostrar su punto, cerró la llave del gas que suministra a través de diversos gasoductos. A mediados de julio suspendió el suministro de gas a través del Nordstream 1, y a finales de junio suspendió el del también importante gasoducto Turkstream, a través del cual, por cierto, Turquía también recibe su cuota de gas ruso.

Turquía sabe que tiene el control del tráfico en el Mar Negro. Llegó a un acuerdo con Rusia y la ONU para dar salida a los granos de Ucrania y de esa manera aliviar un poco la crisis alimentaria.

Erdogan sabe también que las sanciones económicas están causando severos estragos en Rusia y que Putin necesita aliados para hacerles frente. Sin embargo, no lo hará gratuitamente. Su posición se ha vuelto estratégica y está dispuesto a cobrar por ella. Ese fue el mensaje que le dio a Vladimir en 50 segundos.

 

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 20 horas

Circo en Reforma

Hace 20 horas

El negocio detrás de los altares

Hace 20 horas

La ‘santa’ solución de la Presidenta