Espectáculos

Publicado el jueves, 22 de enero del 2009 a las 16:00
México, DF.- Se considera un niño consentido porque sus padres “siempre me trataron bien, el libro que quería estaba ahí y mi vida estuvo resuelta desde que era pequeño”. También se sabe un hombre conservador, “soy priísta, callista y católico, un hombre de costumbres”. Desde su infancia ha sido un peatón del Centro Histórico, sobre todo en la calle Uruguay, entre San Juan de Letrán y Bolívar, donde su abuelo fundó los famosos Mazapanes Toledo.
Javier García-Galiano es escritor desde su época preparatoriana, cuando hacía cuentos pornográficos, “El Cráneo Morboso”, que ilustraba su amigo Lucas Hernández Vico, pero también se ha dedicado desde niño al arte de la turronería.
“Mi padre fue un canalla —dice en tono de broma—, porque logró hacerme trabajar, ya murió. Pensé que mis hermanos me iban a mantener, pero no, fue todo al revés. He hecho mazapanes toda mi vida, sé el proceso desde que era pequeño, en lugar de ir a Cuernavaca, venía a la fábrica y me parecía divertido.
Novelista, cuentista y traductor, Javier García-Galiano guarda la apariencia de un hombre del pasado: sombrero y traje al estilo de los años 30 o 40; y asiduo desde hace 20 años al Bar Mancera, que se encuentra en el número 32 de Venustiano Carranza, donde todos los días lee, escribe y se toma su tequila acompañado de una cerveza Bohemia.
Nació en Perote, Veracruz, en 1963, y creció en el barrio de Mixcoac, donde todavía vive y contempla todas las mañanas su jacaranda y una “siempreviva” que plantó su abuela hace muchos años. Mester en turronería, también estudió Literatura Alemana en la UNAM y tiene publicados los libros “Confesiones de Benito Souza”, “Vendedor de Muñecas y Otros Relatos” y “Armería, un Libro Vaquero”.
Entre sus traducciones destacan obras de autores como Joseph Roth, Novalis, Ernst Jünger, Kafka, Heimito von Doderer y Christoph Janacs.
García-Galiano tiene algunas aficiones o “perversiones intelectuales”, como él las llama.
“Me gusta mucho la historia, decía Juan Rulfo, sin duda el escritor más importante del idioma español, después de Cervantes, que una biblioteca sin libros de historia no era una buena biblioteca. Me gustan mucho los historiadores griegos, José Emilio Pacheco sabe perfectamente quién es Flavio Josefo. Pacheco es otra de las maravillas que nos han pasado en el idioma español. La historia es otro gran género literario, otra gran elucubración mental. Leo mucho a Heródoto, a Francisco Hernández. Otra perversión que tengo son las ciencias naturales”.
Todos estos universos: la historia, el Centro, las ciencias naturales, el mundo alemán, las plantas, se conjuga en su literatura.
“Escribo de lo que me interesa y de lo que voy viendo todos los días, si he escrito de Berlín es porque ahí viví, si escribo de Austria es porque ahí viví, lo mismo de Guadalajara, que junto con Edimburgo me parece la mejor ciudad del mundo. Escribo exactamente de lo que voy viviendo todos los días, soy un peatón, veo a la gente, las casas, las plantas, los insectos.”
¿A veces rompes la rutina?
“Cuando alguien te llama por teléfono rompes inexorablemente la rutina y acabas borracho”.
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