Coahuila
Por
Redacción
Publicado el miércoles, 30 de abril del 2014 a las 14:00
Frontera, Coah.- En diciembre pasado, Rubí Esmeralda Solís González, una niña por demás inquieta y alegre, esperaba la llegada de la Navidad. Emocionada, arregló el tradicional pino junto a su padre adoptivo, madre y hermanos. Sin embargo, el día 23, súbitamente, sufrió una serie de convulsiones que días después terminaron en una embolia que le produjo la pérdida del habla y de la capacidad de caminar.
“Ese día teníamos unas visitas de Reynosa”, recuerda Angélica González Sánchez, su mamá. “Se levantó y almorzó… después dijo que quería vomitar y se acostó. Llegaron los familiares y salió a saludar, luego se volvió a meter (a la recámara).
Como a las 2:00 fui a hablarle para comer y la encontré convulsionando”. Inmediatamente, Angélica y su cónyuge, Prudencio García García, consiguieron un taxi cerca de su hogar en la colonia Diana Laura Riojas y llevaron a Rubí al hospital Amparo Pape de Benavides, en Monclova. Ahí, continuó convulsionando durante tres días más, por lo que fue transferida al Hospital del Niño, en Saltillo.
Fue en el trayecto hacia la capital de la entidad cuando Rubí sufrió la embolia. Sobre los antecedentes del padecimiento de la pequeña de 11 años, su madre menciona que cuanto tenía apenas 1 año con 7 meses sufrió de una encefalitis, enfermedad que -según sus propias palabras- consistió en una infección de garganta que en lugar de trasladársele hacia el estómago, “le corrió al cerebro”.
Pese a lo anterior, la mujer recalca que la niña, hasta antes del padecimiento, creció de manera ‘normal’, es decir, sin indicios de enfermedad alguna.
“Era una niña muy lista, muy inquieta… estaba en quinto año en la escuela Diana Laura y le gustaban las matemáticas”, menciona Angélica, mientras una frágil sonrisa se asoma por sus labios. “Mi mamá sufrió una embolia, una parálisis facial”, añade, cuando se le inquiere si en su familia existe un historial de este tipo de males.
También a pregunta expresa, accede a señalar que ninguno de sus otros dos hijos (un adolescente de 14 años y un niño de 6) presentan problemas de salud. Profundizando sobre el historial de las embolias en su familia, Angélica abunda que actualmente están tratando de recabar siete mil pesos para completar un estudio que proveería de más datos sobre los factores hereditarios.
La entrevistada agrega que luego de que sufrió la embolia, Rubí, triste, no quería que nadie la viera. Sin embargo, no cesó en tomar sus medicamentos, y fue así como poco a poco empezó a mostrar signos de recuperación, como ligeros movimientos en sus pies.
La alegría volvió a Rubí, que hoy ilumina su rostro con una sonrisa hacia cualquier persona que interactúa con ella. Y pese a que permanece postrada en una silla de ruedas, esto no le impide jugar con sus hermanos y una prima que ayuda en su cuidado, así como tomar el control remoto y ver caricaturas, su pasatiempo favorito.
Sobre los medicamentos neurológicos que necesita Rubí, Angélica reconoce que representan un enorme sacrificio para su familia, ya que, en promedio, se han gastado hasta 4 mil 500 pesos por mes para su adquisición. Como pueden, Angélica y su cónyuge -quien labora en una empresa ensambladora ganando un modesto sueldo de mil 200 pesos por semana- se las ingenian para completar las medicinas, tarea en la que colaboran una hermana de la madre de familia y su esposo, quienes habitan el mismo hogar.
“Mi marido es la única fuente de ingresos que tenemos”, abunda la ama de casa, quien permanece cuidando a Rubí todos los días.
“Juntamos por semana para completar las medicinas”, añade, subrayando que el apoyo de su hermana y su esposo también ha sido muy importante para adquirir los medicamentos.
Por otra parte, el DIF municipal también se encarga de ayudar a la familia de Rubí. El organismo se enteró del caso a través de una vecina del sector; y gracias a ello, establecieron contacto con los papás de la pequeña, a quienes les donan pañales para la niña.
“Cuando llegó a la casa, Rubí no tenía movimiento”, agrega Angélica, destacando nuevamente el progreso de la menor. “Pero ahorita ella solita impulsa la silla de ruedas y ya no come papilla, ya come alimentos sólidos… le gusta de todo, pero pelea más los jugos y los chocorroles”, agrega, mientras se le escapa una ligera risa. Angélica recalca que a través del tratamiento, hay un pronóstico muy favorable, que apunta a que existen muchas posibilidades de que en el futuro Rubí vuelva a caminar… aunque por otro lado, está consciente de que la niña no volverá a hablar, por un daño irreversible en el cerebelo causado por la embolia.
La entrevistada destacó que la mejoría de su pequeñita ha sido a base de constancia y determinación en el suministro de sus medicinas, ya que le resulta imposible económicamente hablando el llevarla todos los días a un centro de rehabilitación en Monclova.
“Estamos optimistas de que va a volver a caminar”, puntualizó la mamá, mientras reconoció que hasta ayer, no le había conseguido aún un regalo del Día del Niño a Rubí. “Al rato va a andar corriendo”, concluyó, sonriente.
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