Espectáculos
Publicado el martes, 6 de enero del 2015 a las 23:38
Saltillo, Coah.- Inicia enero y con él las listas con buenas intenciones. En el caso de los lectores, los propósitos giran en torno a los títulos que tenemos pendientes o los ejemplares que yacen, con mudo reproche, en nuestra mesita de noche. ¿Con cuáles libros iniciar el 2015? A continuación les comparto algunas obras que nos dejó el 2014 y que recomiendo para comenzar un año de lecturas.
Cuento
La escritora inglesa Angela Carter retoma en “La Cámara Sangrienta” (Sexto Piso, 2014) las ya conocidas historias de la tradición popular oral europea (“Caperucita Roja”, “La Bella y la Bestia”, “Barba Azul”, “El Gato con Botas”) para convertirlas en 10 relatos donde el erotismo, la perversión y los deseos ocultos toman forma en criaturas sedientas de sangre, en jóvenes que no temen arriesgar la belleza, o la vida, con tal de saborear las delicias del amor.
En el mundo creado por Carter las damiselas ya no están más en peligro, sino que, por el contrario, pueden ser ellas las que aniquilen a cuanta criatura se les cruce en frente con tal de satisfacer sus apetitos.
¿Puede el amor de Bella convertirla en el par de la temida Bestia? ¿Habrá encontrado Barba Azul a la mujer capaz de poner fin a su sangrienta colección de conquistas? ¿El ingenio del Gato con Botas será capaz de desafiar a un marido tacaño, viejo y agrio? ¿Las criaturas hermosas, y letales, pueden cambiar su condición mortífera frente al cuerpo amado? La autora, quien para Salman Rushdie es una de las mejores autores británicas del siglo pasado, ofrece en estos cuentos ingeniosas respuestas.
A 35 años de su publicación, los lectores en lengua española tienen la oportunidad de conocer, gracias a una bella edición ilustrada por la chilena Alejandra Acosta, a una autora con una pluma afilada, que explora, con humor y sensualidad, a los personajes femeninos con una óptica muy distinta a la que nos mostraron en nuestra infancia los cuentos de Charles Perrault o de los Hermanos Grimm. “¿A dónde se ha ido la vida?”, se pregunta un barquero mientras observa cómo el tiempo se aleja impertérrito en las ondas que deja su bote al surcar el agua. Con una existencia entregada al trabajo duro, en la que el amor sólo se presenta una vez, como un milagro, presto a desaparecer a la menor equivocación.
La edad se le vino encima a un joven que, inquieto, siguió los pasos de “El Conde”, un ser de trato áspero, de corazón verde y mezquino, como los cadáveres que yacen en el fondo del río, henchidos y umbríos, y que “El Conde” recoge para cobrar una recompensa. Este cuento es el que le da título al libro editado por Sexto Piso y que recién se presentó en la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), en la que su autor, Claudio Magris, recibió el máximo galardón que otorga este evento literario.
Otros relatos que integran el volumen son “La Portería”, en la que aparece un viejo afable, que se niega al retiro forzoso y que trabaja de portero en un edificio de su propiedad; y “Las Voces”, que narra la obsesión de un hombre con las voces femeninas que escucha en las contestadoras telefónicas. Historias que muestran la maestría narrativa de Magris, que narra esas pequeñas tragedias que, sin grandes aspavientos, marcan nuestras vidas. Hombres y mujeres que se aceptan indolentes los destinos tristes, la vida sin amor, los deseos incumplidos, la mala suerte. Desde los albores de la humanidad, cuando un puñado de hombres y mujeres recreó en un inmenso lienzo pétreo a los bisontes que le servían de alimento, las bestias ya jugaban un papel mágico en la conciencia humana. Con el paso del tiempo, animales inauditos conquistaron la imaginación de reyes, aventureros, cronistas y orfebres. Y es ahí, en el linde entre la fantasía y la fascinación, donde abreva “Las Fauces del Abismo” (Océano, 2014), el reciente libro de Ignacio Padilla.
El escritor mexicano da forma a su propio bestiario, que recuerda a los relatos de Simbad el Marino, a las crónicas de Marco Polo –que incluso es uno de los personajes del libro-, a las recreaciones de Jorge Luis Borges, pero en este caso las criaturas surgidas de la pluma de Padilla son una alegoría de lo fieramente humano.
En “Las Fauces del Abismo” aparecen tortugas centenarias que, gracias a sus virtudes y a la destreza de sus criadores, dan forma a preciosos artefactos; arañas que inyectan olvidos o que matan por exceso de recuerdos; gorilas que alcanzan la proeza de dibujar ante la mirada melancólica de su amo; perros que, convertidos en visiones de pesadilla, atormentan a guerreros impíos. Novela
En 2011 cada 57 segundos se vendía un libro de Jo Nesbo en Inglaterra. Y cuando se conoce al investigador Harry Hole –un hombre nervudo, de inteligencia avezada, que busca a los culpables sin importar cuántas normas, o leyes, deba quebrar para conseguirlo– queda claro por qué los lectores se enganchan de inmediato con este personaje.
Después de resolver el caso del asesino serial conocido como Mono de Nieve, que le arrebató a su mujer, su hijo, y la cordura, ahora Hole enfrenta otro desafío. Un criminal tiene de cabeza a la policía noruega, no sólo por sus numerosas víctimas, sino por su forma salvaje de aniquilarlas. Impotente, el área de Delitos Violentos decide pedir ayuda al investigador, que abandonó Oslo para alimentarse del olvido que se respira en los fumaderos clandestinos de Hong Kong.
Este thriller publicado en el 2009, pero traducido al español apenas el pasado octubre, ofrece una historia trepidante, en la que el suspenso y los ingeniosos giros de tuerca en la trama mantienen al lector pendiente de cada página. Los fanáticos de la novela negra tienen una cita con Jo Nesbo, el problema es que no querrán sacarlo de su cama durante las siguientes 700 páginas. “Cuánta ofrenda a un país que lastima y convoca”, sentencia Andrés Neuman quien, fiel a su propio adagio, decidió escribir no una, sino dos veces, una parte de la historia argentina a través de la vida de su familia. “Una Vez Argentina” (Alfaguara, 2014) fue escrita originalmente hace poco más de una década, pero su autor decidió reescribirla y aumentarla cuando se presentó la oportunidad de publicar la novela de nueva cuenta.
Rusia, Lituania, Italia, Francia, España, judíos, católicos, laicos, socialistas, republicanos, la herencia de varios países, religiones e ideologías se mezcla, como en muchas familias del país sudamericano, en la sangre de los Neuman. El autor relata, en primera persona, una historia en la que se mezclan los propios recuerdos con las anécdotas, con los relatos que se abren camino en la memoria, con los silencios de los desaparecidos.
A lo largo de las páginas nos enteramos que el dolor y la impotencia tienen muchos nombres: la tía Silvia, embarazada, torturada frente a su marido por el ejército; los tíos Delia y Mauricio que abandonaron el país por temor al mismo destino. Pero también aparecen los conciertos de los padres en el Teatro Colón o en las cárceles de Buenos Aires; la escritura torcida de la abuela Blanca; las tardes de futbol y los descalabros del Boca; las partidas de ajedrez con José Luis, el heladero del barrio; los cuentos de terror, esos primeros ejercicios de novel escritor que angustiaban a la madre, pero que eran devorados por la abuela Dorita; las vacaciones de verano donde se reveló, en una cabellera con destellos de bronce, la urgencia del deseo.
“Si no estás, déjame que te invente”, le dice Neuman al abuelo Mario, pero es también una solicitud a la Argentina de su infancia, a la que dejó en 1991, cuando tenía 12 años. Y gracias a las palabras – y a los inventos que dieron forma a algunos nombres y apellidos de la familia–, podemos ver cómo la vida de un país se conforma con las historias bellas e imperfectas que entretejen, con alegrías, esperanzas y tristezas, los abuelos, los padres, los hijos. Poesía
El 2014 dejó una sensación de orfandad entre los amantes de la poesía. Apenas empezaba el año cuando la noticia de la muerte de Juan Gelman dejó una tristeza honda en los lectores de su obra.
“Su cuerpo dejarán no su cuidado; serán ceniza, más tendrá sentido/ polvo serán, más polvo enamorado”, dicen los versos de Francisco de Quevedo, y así, el testamento amoroso del argentino sigue en pie con “Amaramara” (La Otra/SCDF, 2014), una obra en la que se reúnen más de 20 poemas en torno al tema amoroso, con una dedicatoria especial a Mara, la compañera de vida del escritor.
Antes de su fallecimiento, el Premio Cervantes ya había dejado en marcha esta obra en la que sus textos comparten páginas con las pinturas del mexicano Arturo Rivera, quien creó una serie de obras–protagonizada principalmente por mujeres, esas “ninfas y náyades arteras” que describiera otro gran poeta, Eduardo Lizalde- para esta obra publicada el pasado mayo.
El próximo 20 de enero Ernesto Cardenal llegará a las nueve décadas de vida, y como un homenaje cabalístico surge “Noventa en los Noventa” (Trilce, 2014), una antología de la obra poética del sacerdote. La selección de los textos y el prólogo estuvieron a cargo del escritor, también nicaragüense, Sergio Ramírez.
El libro ofrece un recorrido por el trasiego poético de Cardenal, desde las muchachas que despertaron los primeros ardores amorosos del autor; pasando por la causa revolucionaria, en la que su activa participación le valió las amonestaciones del papa Juan Pablo II; su papel en el ministerio de Cultura del gobierno sandinista (recogidas en el poema “Reflexiones de un Ministro”); hasta el reconocimiento de que, a fin de cuentas, los seres humanos no evolucionamos mucho, sino que somos el “tercer chimpancé”.
En esta bella edición, en la que aparecen además fotografías de Cardenal en distintas etapas de su vida y que recoge la obra de 18 libros, no podían faltar poemas que marcaron las letras del autor: “Salmo 25 (26)”, “Oración por Marilyn Monroe”, “Canto Nacional”, “El Origen de las Especies”.
Noventa poemas de Ernesto Cardenal en los que el entramado de su larga vida se lee en textos amorosos, combativos, inquisitivos, de una honda comprensión de la maldad de los hombres, pero también místicos, en donde los versos entablan diálogo con el Creador.
Antes que sacerdote, que revolucionario, Cardenal se reconoce como poeta, como seguidor de esa alquimia que transforma las palabras en “la poesía que nos eriza con un silbido de lechuza”. En el 2014 se celebró el centenario del natalicio del poeta mexicano Efraín Huerta, y en el marco de este festejo la Dirección General de Publicaciones de Conaculta editó una edición facsimilar de “Los Hombres de Alba”, título publicado originalmente en 1944.
Calificada como una de las obras cumbre de la poesía hispanoamericana, esta edición ofrece la concepción original de un libro que incluye poemas que ya son referentes en las letras mexicanas: “Los Hombres del Alba”, “La Muchacha Ebria”, “Las Declaraciones de Amor y Odio a la Ciudad de México”.
La edición, en pasta dura, reproduce la imagen del libro, respeta las dedicatorias, epígrafes y formas de presentar los versos de la primera publicación, y además incluye un autorretrato de Efraín Huerta cuando tenía 25 años.
El amor, la angustia que anida perenne en las grandes ciudades, los hombres “que tienen en vez de corazón un perro enloquecido”, son algunos de los temas que, con una pluma entre el surrealismo y la poesía moderna, entrega el guanajuatense en una de los títulos fundamentales para entender su obra. Periodismo
“Hoy tengo la conciencia de que una forma de ver es una forma de ser”, escribió Alberto García-Alix en “De Donde no se Vuelve”, una frase que describe el trabajo de quienes van más allá del periodismo exprés, en busca de buenas historias.
Desde hace varios años la crónica periodística ha tomado especial relevancia en América Latina y el argentino Martín Caparrós es protagonista indiscutible de este género que abreva en la narrativa literaria. En su reciente trabajo, “El Hambre” (Planeta, 2014), el periodista nos confronta con un desolador panorama: cada día mueren cerca de 25 mil personas por causas provocadas por el hambre. La desigualdad, relata, se define con números.
Pero más allá de las cifras (cada vez más escalofriantes a medida que avanzamos la lectura), el argentino entrega, entre la crónica y el ensayo, una decena de historias que muestran que “el hambre constante es la condición original de los hombres”.
El hambre no sólo azota a los países africanos o asiáticos, también puede rastrearse a unas cuadras de nuestras casas, en países como Argentina o Estados Unidos, de este último, el autor muestra la paradoja de quienes viven desnutridos en una nación que lucha contra la obesidad.
Martín Caparrós ha visto de frente el horror, la miseria, el desaliento, y de ahí surgen este libro que le da voz a los desechables, a los que sobran. ¿Qué hacer ante este panorama? El periodista esboza una respuesta: “Pensar cómo sería un mundo que no nos diera vergüenza o culpa o desaliento –y empezar a imaginar cómo buscarlo”. ¿Quién fue J.D. Salinger? A diferencia de los fanáticos del escritor, David Shields y Shane Salerno se plantearon muy en serio esta pregunta y se embarcaron en una investigación que da forma a un documental y a un libro que (publicado en español por Seix Barral el año pasado), recupera fotografías inéditas, entrevistas, fragmentos de cartas y diarios
Cuando se nombra al autor norteamericano el título de un libro acude pronto a nuestra memoria: “El Guardián entre el Centeno”. El escritor norteamericano dedicó 10 años de su vida a dar forma al periplo del joven Holden Caulfield, aunque el resto de su vida lamentaría lo que esta obra significaría en su existencia.
“Cada vez que publicamos algo, producimos algo o aireamos algo, nos exponemos a que nos vuelvan a juzgar, a sopesar, a etiquetar y a meter en sacos otra vez”, cita el autor de “Franny y Zooey” en una de sus cartas. Y así, a través de “Salinger”, se nos revelan momentos clave en la vida del narrador, que influirán en forma notable en su trabajo literario.
Sí, “El Guardián entre el Centeno” es un libro extraordinario, pero después de leer la extensa biografía de Salinger se puede ver de manera distinta las andanzas de Holden, el joven que afirma con desenfado: “No importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego me da más pena todavía”.









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