Espectáculos
Por
Nayely Reyes
Publicado el sábado, 31 de enero del 2015 a las 17:02
Saltillo, Coah.- El barro es la sustancia creadora de mayor misticismo. Diferentes mitologías del génesis alrededor del mundo hablan de cómo el ser humano fue modelado con arcilla, por ello tiene sentido que el material base retratado en las fotografías que conforman la exposición “Orígenes”, inaugurada el pasado jueves en el Centro Cultural Universitario, del artista tijuanense Miguel Milló, sea este significativo material.
El artista visual nacido en Tijuana, Baja California, ha viajado por el mundo nutriendo su técnica, su trabajo va más allá de una obra local. Ha expuesto en Nueva York, Miami, Taiwán y varios países asiáticos, como parte de los festejos de los 40 años de relaciones diplomáticas entre México y Malasia. La Secretaría de Relaciones Exteriores y la Organización de Naciones Unidas eligió su obra para el calendario conmemorativo del Tratado de Beijing.
La exposición “Orígenes”, abierta al público hasta finales del mes de marzo, está compuesta por 24 fotografías de gran formato que retratan extrañas criaturas de barro, decoradas con semillas, cortezas y plantas exóticas. Los seres de Milló parecen brotar de las entrañas mismas de la tierra. Las texturas, colores y formas de una naturaleza esencial olvidada por el hombre moderno, pero grabada indeleblemente en su memoria sensorial se presentan ante el espectador bajo una forma indefinida, casi inhumana, de gran expresividad.
En entrevista con Zócalo, Miguel dijo que uno de los principales mensajes que quiso transmitir es el de la igualdad en todas sus representaciones, por lo que los elementos minerales y los colores intensos son un código eficaz.
“Al momento que te vistes con el barro pierdes la identidad y te conviertes en un ser de donde venimos, de la tierra. Lo que quiero decir es ‘respétame porque tengo los ojos azules o el cabello negro, pero también respétame porque en esencia somos iguales’.
“La obra es muy autobiográfica, habla de mis emociones, de mis vivencias, lo que me pasa día a día, lo que ha marcado mi vida. El color definitivamente es un factor para comunicar, pero lo que más me gusta es que alguien se pare enfrente de una de mis obras y pueda sentir emociones con ella, que pueda vibrar con ella. La obra misma habla y se conecta con el espectador”, expresó.
Más que fotos
El trabajo del artista no se limita a la captura de la luz sobre un material fotosensible. Milló elige obsesivamente a sus modelos, poniendo especial cuidado en que posean características específicas como labios gruesos, cuellos largos, facciones étnicas y ojos expresivos. Luego selecciona los minerales, ramas, raíces, frutos y pigmentos, con los que trabaja por horas en la intervención sobre los cuerpos y rostros de las modelos. Por ello, comenta, sería injusto llamarlo fotógrafo a secas.
“En mi obra hay mucho más que fotografías, la fotografía es solamente uno de los procesos que utilizo, pero dentro de cada obra hay escultura, hay intervención, hay más procesos que te impiden clasificarme como fotógrafo, prefiero crear lo que quiero transmitir y después fotografiarlo casualmente”, concluye.
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