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Agencias
Publicado el martes, 29 de marzo del 2016 a las 15:03
Zongolica, Ver.- El hombre que sostiene una escopeta en medio de la sierra es un fantasma. Él es un rumor, una fantasía, no existe, según el Gobierno, pero cargando un arma recortado calibre 20 es tan real como un hombre de músculos y huesos esperando a soltar un disparo que puede arrancar de tajo un brazo.
Con la mano izquierda abraza el cerrojo del arma. Con la mano derecha atenaza la culata. A su lado, un embozado le sostiene una carrillera de 48 municiones expansivas. El hombre que no existe, según el Gobierno, toma una bala tan gruesa como la yema de su dedo índice y la introduce en el fusil, quita el seguro, pone el dedo en el percusor y provoca un sonido metálico al amartillar su rifle que suena estremecedoramente verdadero.
Esta es la crónica del encuentro con un grupo armado que el Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, se niega a reconocer.
Estamos a la mitad de la nada. No hay casas en varios kilómetros a la redonda ni señal de celular para ubicarnos en un mapa. Por aquí no se pasea ni un extraviado. La inmensidad de la sierra en el estado de Veracruz sirve para tener este encuentro a escondidas del Ejército, pero no somos los primeros en usar el lugar como escondite: desde 2013, al menos, éste es el refugio de un sanguinario cártel que domina la zona. Nosotros y ellos pisamos el mismo territorio, sin saber quiénes son los caseros y quiénes los intrusos.
“Mi nombre es Román Vázquez González, líder de las autodefensas de la sierra de Zongolica. Y aquí estamos presentes…”.
Entonces, apunta al cielo y jala el gatillo.
TRAGEDIAS
Hay regiones en México que sólo se conocen por las tragedias que albergaron.
Del mismo modo que hubo quienes escucharon por primera vez del municipio de San Fernando, Tamaulipas, por sus 72 migrantes asesinados, o del fraccionamiento Villas de Salvárcar en Ciudad Juárez, Chihuahua, por sus 16 estudiantes ejecutados, a Zongolica, Veracruz, hay quienes lo recuerdan por un crimen que llegó a las primeras planas del país hace nueve años: en febrero de 2007, Ernestina Ascención, una mujer de 73 años, murió a causa de una paliza y antes de expirar dijo a sus familiares que los militares que estaban en el pueblo para pelear contra cárteles y guerrillas la violaron tumultuariamente y la golpearon para callarla, aunque el Gobierno no admitió nunca esta versión.
En Zongolica, ríos, cuevas, grietas y precipicios mortales en la sierra servían como guarida natural para narcomenudistas, sicarios, secuestradores y asaltantes de camionetas ligados al grupo criminal con presencia en ciudades aledañas como Orizaba.
Sin embargo, al poco tiempo, el cártel notó que el pueblo guardaba su dinero en efectivo por la falta de bancos y comercios con terminales bancarias. Ese dinero constante atrajo extorsiones, secuestros y disputas a balazos que dejaron varios muertos. El miedo eran tan intenso que en noviembre de 2012 las autoridades aprobaron un toque de queda para menores de edad que empezaba con el primer minuto de las 22:00 horas.
“Sabíamos que el primer enemigo no serían los narcos, sino el Gobierno. Por eso, advertimos en documentos que esto es una salida desesperada porque nos dejaron a nuestra suerte y porque estamos invocando el Artículo 10 de la Constitución que nos permite actuar en legítima defensa (…) En Veracruz no existe la delincuencia organizada. Existe la delincuencia tolerada por el Gobierno”, aseguró Román.
SANGRE EN LAS CALLES
El 8 de marzo de 2013, convocados por el párroco de Zongolica, los vecinos salieron a la calle a exigir seguridad. En plena marcha, advirtieron que cuatro hombres —conocidos vigilantes del grupo criminal— fotografiaban a los asistentes. La multitud se abalanzó sobre ellos y, a punto de ser linchados, fueron rescatados por la Policía Municipal, quienes prometieron arrestarlos. Sin embargo a las pocas horas, los criminales fueron devueltos a la calle.
Cuando la noticia de la liberación corrió, Zongolica era un pueblo fantasma con todos atrincherados en sus casas a las 4 de la tarde. Sabían que los narcos querrían vengarse. Los criminales llamaron a los teléfonos celulares de los vecinos diciendo: sepan zongoliqueños que vamos de regreso a la sierra a desquitarnos por lo que nos hicieron y el primero en pagar será el párroco.
Campesinos, ancianas, amas de casa, jornaleros, estudiantes, sacaron de sus casas las armas familiares con las que cazan los tejones y ardillas que se comen y se apostaron en el Centro del pueblo. La plaza principal del municipio parecía una armería al aire libre: rifles, carabinas, revólveres, escopetas por donde se viera. Bombas de clavos en las entradas del municipio y clavos para ponchar las llantas de autos de los criminales.
Unos 500 hombres y mujeres, los más pobres de Veracruz, regresaron el reto: “sepan que aquí estamos en la sierra para desquitarnos por lo que nos hicieron y los primeros en pagar serán quienes entren a la comunidad a hacernos daño.
“Los cárteles tienen dos ventajas sobre la gente: miedo y sorpresa. A nosotros se nos quitó el miedo. Y con nosotros armados, ellos pierden el elemento sorpresa. Cuando entendimos eso, empezó todo. Nos organizamos como autodefensas”.
FANTASMAS
Tres años después, Román es un hombre que no existe, según el Gobierno, porque no le quieren reconocer lo que él asegura: lidera 134 campesinos que duermen con armamento en sus casas, listos para tomar el pueblo cuando él ordene ir detrás de algún criminal que pise la sierra.
El grupo sabe patrullar de noche, bloquear caminos, perseguir comandos y dormir con un ojo abierto y otro cerrado.
Pero lo más importante: saben cazar animales para comer, así que su puntería es excepcional cuando se trata de tirar a un blanco en movimiento.
Saben tirar a matar
A principios de 2014, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, aseguró que “definitivamente no hay grupos de autodefensa en el estado”, aunque líderes empresariales y legisladores de oposición confirmaron la presencia de esos grupos. Año y medio después, frente a pobladores que se definieron como guardias comunitarias de la localidad de Soledad de Atzompa, en la sierra de Zongolica, Duarte matizó sus palabras y dijo que, en caso de existir las autodefensas, serían ilegales.
“En Michoacán, la delincuencia llevaba al menos 10 años ahí cuando se levantaron las autodefensas. Se tardaron una década en defenderse. Acá ya llevamos tres años organizando esto. Pero no llegamos a cinco. Esto va a reventar.
“Marca mis palabras: en Veracruz va a ser la siguiente gran revuelta nacional por la seguridad”.
‘A PRESIDENCIA NO LE IMPORTÓ’
El 10 febrero de 2014, un grupo de encapuchados y embozados apareció en un video en YouTube con rifles, municiones y armas blancas. Posaban como anónimos frente a un letrero que decía “Autodefensa de la Sierra de Zongolica” y mostraban sus habilidades como expertos tiradores, imaginando que agujeraban sicarios. Dos días después de publicar el video, Román envió una carta a Los Pinos avisando que el grupo estaba dispuesto a guardar su armamento, si se reforzaba la seguridad en el municipio.
El sello en el documento prueba que fue recibido por la Dirección General de Atención Ciudadana de la Presidencia de la República, pero la violencia siguió creciendo y la autodefensa prefirió hacer un mayor acopio de armas, sabiendo que estaban por su cuenta.
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