Internacional

Publicado el viernes, 30 de diciembre del 2016 a las 15:20
Moscú.- Washington anunció el jueves sanciones contra Moscú, a quien acusa de haber planificado ciberataques para obtener y difundir miles de correos electrónicos de responsables demócratas, interponiéndose así en las elecciones presidenciales en Estados Unidos.
La medida más llamativa es la expulsión en tres días de 35 agentes del servicio de inteligencia rusa.
A nivel técnico sin embargo parece difícil hallar pruebas irrefutables que permitan identificar a los autores de los ataques.
Este caso tiene incluso preocupados a Alemania y a Francia, donde se celebrarán elecciones en 2017 y donde el tema de la influencia de Rusia crea cada vez más incertidumbre.
Lo que se sabe
El escándalo estalló en junio, cuando CrowdStrike, una empresa estadounidense de seguridad informática, reveló que dos grupos de hackers, Fancy Bear y Cozy Bear, accedieron a los ordenadores del partido demócrata.
El primero se infiltró desde el verano de 2015 para interceptar todas las comunicaciones del partido, y el segundo buscó y robó, desde marzo de 2016, documentos relativos a Donald Trump.
Para CrowdStrike, no hay duda. Cozy Bear está vinculado a los servicios militares rusos de información (FSB). Un mes después de estas revelaciones, WikiLeaks empezó a publicar una parte de los correos internos del partido demócrata pirateados.
El 7 de octubre, las 17 agencias norteamericanas de inteligencia concluyen que el pirateo fue organizado en Rusia. En plena campaña electoral, van divulgándose casi a diario correos electrónicos de John Podesta, presidente del equipo de campaña de Hillary Clinton.
Las acusaciones prosiguen tras la victoria de Donald Trump y el Washington Post cita un informe de la CIA según el cual Rusia intervino en la elección del magnate.
El 12 de diciembre, el Congreso dijo que abría una investigación parlamentaria sobre las interferencias rusas en la elección presidencial.
El jueves, Barack Obama anunció que “35 agentes de inteligencia rusos” –acreditados en la embajada rusa en Washington y en el consulado en San Francisco–, fueron declarados “persona non grata”. También anunció “sanciones” contra “nueve entidades e individuos”, sobre todo contra dos servicios de información rusos, el FSB y el GRU.
El Kremlin, que niega su participación, acusó a Washington de querer “destruir de forma definitiva” las relaciones con Moscú y prometió medidas de represalia “pertinentes”.
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