La liberación del exsecretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, y su regreso a México para ser investigado por delitos de blanqueo de dinero y narcotráfico, sorprendió, por excepcional, a tirios y troyanos.
Las hipótesis del caso dependen de la acera que se ocupe con respecto al Gobierno de la Cuarta Transformación. Entre la captura del divisionario en Los Ángeles, su traslado a Nueva York y su entrega a las autoridades mexicanas transcurrió poco más de un mes, lapso durante el cual tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Estados Unidos.
El punto es que sin la intervención de los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump, un arreglo así hubiera resultado imposible, a menos que la justicia de Estados Unidos declarara no culpable al militar después de un proceso largo y complicado.
En ese sentido, se habla de un “regalo” del magnate neoyorquino a quien hasta hoy no ha dado su brazo a torcer en el tema del resultado electoral del 3 de noviembre, cuando algunos sectores del Partido Republicano han aceptado el triunfo de Joe Biden a regañadientes y el equipo de Trump ha retirado las impugnaciones en varios estados.
Mientras una acera pondera el “triunfo” de la diplomacia mexicana y de la soberanía nacional, la de enfrente califica la victoria de “pírrica” y advierte: “el obsequio no será gratuito”. La forma como se detuvo a Cienfuegos, en un viaje de placer con su familia, devino ofensa para México y en particular para las Fuerzas Armadas, las cuales, por mucho, son las instituciones más confiables en nuestro país. Quizá a quien debieron detener es a Peña Nieto, por el caso Odebrecht, como en 2016 le ocurrió al exgobernador y exlíder del PRI Humberto Moreira, en España, donde fue liberado una semana después por intervención del entonces Presidente.
Cienfuegos representó a nuestro país como agregado militar en Japón y Corea del Sur. Su hoja de servicio es impecable, pero si el máximo líder castrense protegió a un cártel de la droga, como asegura la DEA, debe ser investigado.
Sin embargo, existe una inconsistencia: 14 días antes de dejar el cargo, Cienfuegos y el secretario de la Marina, Vidal Soberón, recibieron en Washington la condecoración Legión al Mérito, impuesta por el jefe del Comando Norte y del Comando de Defensa Aeroespacial, general Terrence J. O’Shaughnessy (Reforma, 16.11.18).
La cruz se instituyó en 1942, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt, y se otorga a los miembros de las Fuerzas Armadas de su país y de las naciones aliadas. El primer mexicano en recibirla fue Abelardo L. Rodríguez, antes de ser nombrado presidente sustituto de Pascual Ortiz Rubio en 1932.
La Legión al Mérito –tan importante como la Medalla de Honor– es la única recompensa con grados en Estados Unidos. La distinción se concede con la autorización del Departamento de la Defensa y del Presidente, quien, en el caso de Cienfuegos, era Donald Trump. Desde esa perspectiva, la liberación del exsecretario puede corregir un error.
Cierro con una anécdota: en la campaña de 2012, después de entrevistar a Manuel Camacho Solís, en Torreón, le expresé que una de las debilidades del candidato Andrés Manuel López Obrador era su escaso roce con el mundo.
“Es un problema, sí, pero en eso le va a ayudar mucho Marcelo (Ebrard)”. El excomisionado para la Paz en Chiapas ya no está aquí para verlo, pero tenía razón: no es la primera vez que el canciller le saca las castañas del fuego a AMLO, razón por la cual tiene etiqueta de presidenciable.
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