Amigas y amigos, en el escenario adverso que se vive en nuestro país a causa del Covid-19, los mexicanos estamos dando la batalla en materia económica y de salud, al mismo tiempo que constatamos, a lo largo de los meses que han transcurrido, la ineficacia de la actual Administración que no ha atinado a la solución de los dos asuntos más urgentes que deben resolverse, lejos de ello, en donde sí se ha instalado, es –en la indiferencia e insensibilidad– del aparato gubernamental.
No, no es fácil señalar que en el primer trimestre de año nuestra economía había caído 2.4% y al terminar el segundo trimestre hemos caído 18.9% (anual) de la mano de la severa pérdida de empleos, han transcurrido prácticamente cinco meses desde que diera inicio el confinamiento al que denominaron Jornada Nacional de Sana Distancia, como ya he mencionado antes, este Gobierno no solo –no cuenta con un plan de emergencia económica– sencillamente no tiene estrategia, ni hay planeación, ni hay metas.
Ahora el estudiantado mexicano está por reanudar su formación con el próximo curso escolar 2020-2021 y es claro que tampoco se cuenta con una planeación, partimos del hecho concreto de que mientras no haya condiciones, los niños y jóvenes no podrán continuar sus estudios de manera presencial, es por ello que la alternativa presentada se circunscribe a la “tele-educación” ante el fracaso de la modalidad online.
No obstante, no es la modalidad el problema –sino lo que hay de fondo– como el rezago en el rubro de las TIC que ponen de manifiesto la enorme brecha digital de nuestro país, en las sociedades de la información, no solo eso, la falta de seriedad y compromiso de las autoridades en quienes recae esta responsabilidad, sin creatividad ni talento para impulsar acciones concretas bajo el contexto de emergencia que prevalece, ni la disposición de crear esquemas que hubiesen permitido la máxima conectividad posible, creando verdaderas soluciones ante la disyuntiva educativa.
La ruta, de acuerdo al estilo de la presente Administración, en el camino fácil, el que no se compromete ni propone rumbo, así es como se generó un acuerdo con las televisoras Televisa, TV Azteca, Imagen y Multimedios, para que transmitan contenido educativo a 30 millones de estudiantes y aquellos que no tengan acceso a la televisión, podrán acceder a los contenidos educativos a través de la radio, libros de texto, cuadernos de trabajo y “atención especial”.
Pero, en la vida real ¿qué significa esto?, ya que no se ha planteado el apoyo y el acompañamiento sicológico por ejemplo, los alumnos no solo han sido afectados en términos académicos, si bien es cierto que concluyeron su ciclo escolar en un contexto que nadie esperaba e iniciarán el próximo curso en la incertidumbre total, estos meses han significado literalmente una pausa en el desarrollo de sus vidas, muchos de ellos, pueden haber pasado por la pérdida de algún ser querido, incluso sus propios padres o abuelos, ahora se verán enfrentados a una modalidad de estudio a distancia que se anticipa frustrante, sentados frente a un televisor por horas ¿de qué manera podrán ser evaluados los alumnos, más allá de la calificación cuantitativa?
Por otra parte, esto también representa otro detonante de frustración, al no contar con mecanismos que les permitan aclarar sus dudas, obligándolos, por ejemplo, a repetir la transmisión de una clase, esto sin considerar que son millones de estudiantes los que permanecerán en sus hogares y que los padres de los pequeños –de educación básica– y adolescentes –en educación media– pueden haberse incorporado a la actividad laboral ¿cómo podrán llevarse a cabo las tareas, proyectos, trabajos?
Por otra parte, habrá padres que tengan la posibilidad de laborar desde casa, esto no significa que puedan atender a sus hijos, no obstante, al imponer al estudiante la tele-educación, solo se le brinda una alternativa segura de aislamiento y abandono, enfrentándolo a problemáticas que puedan profundizar dinámicas nocivas o adversas en su formación humana, comprometiendo aún más el futuro de toda una generación de mexicanas y mexicanos.
Es impostergable entender que las “benditas” redes sociales no representan el conjunto de posibilidades de las TIC, es urgente tomar acciones que reviertan la brecha digital en la que se encuentra nuestro país.
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