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Coahuila

¿Qué sigue para la socialdemocracia?

Por Francisco Tobías

Hace 6 años

La socialdemocracia atraviesa una fuerte coyuntura histórica en los tiempos actuales. Por un lado, los tiempos salvajes e insolidarios por los que transita la sociedad guiados por el proyecto neoliberal, y que han llevado al extremo los valores individualistas y el descrédito de la política y la aberración por lo público. Pero por otra parte, vemos una circunstancia esperanzadora, ya que la última crisis dejó al descubierto las fallas del modelo neoliberal y, en ese sentido, le dio valor a la base de garantías sociales de la propuesta socialdemócrata.

A pesar de que desde el siglo 20 se le vio a la socialdemocracia con cierta incertidumbre y desprestigio, esto aunado al rechazo y decepción del totalitarismo soviético, se pudo apreciar a la socialdemocracia como una alternativa de búsqueda de la igualdad social en condiciones de libertad.

A pesar de que en su momento el modelo soviético parecía rendir grandes frutos e, inclusive, llegó a tener gran aceptación entre los economistas, resultó ser un fracaso en lo económico y en lo social, además de suprimir fuertemente las libertades individuales. La decadencia del sistema los llevó al derrochamiento de recursos, a una poca innovación y a una disminución de la cartera de necesidades sociales.

Fue así que el Mundo y nuestro país, con Margaret Thatcher y Ronald Reagan a la cabeza, desde sus respectivos países triunfaron con su visión capitalista frente a cualquier tipo de socialismo. Desde los años 80 la derecha tenía el viento a favor y la oferta del socialismo tuvo que adecuarse a los nuevos cambios y a establecer mecanismos de concertación con matices de izquierda y derecha coincidentes, en especial con la democracia cristiana en distintas partes del mundo.

En ese entonces, era que se veía a la intervención pública y la regulación como ideologías irracionales destinadas al fracaso. Bajo estas circunstancias, la socialdemocracia se desfasaba de las realidades de muchos países. Criticaba la ferocidad del capitalismo, pero la realidad más cruda es que durante todos esos años no contaba con un real programa político de acción que llevara entonces a la praxis las ideas sociales de igualdad y fraternidad.

Las limitaciones de la socialdemocracia, sobre todo en esos tiempos, y en algunos casos en la actualidad, es que influenciados por los orígenes comunistas y socialistas veían principalmente solo por la clase trabajadora, no tenían un proyecto de sociedad, no entendían que el proyecto no es solo del proletariado, sino de las clases medias, de las clases con mayores ingresos, de los desprotegidos y de la comunidad en general. Uno de sus puntos más débiles era su visión ambigua de la democracia, no le daban un valor real instrumental para la defensa de los intereses, por tanto, carecían de políticas alternativas de gobierno.

Los tiempos han transcurrido y la humanidad ha padecido los horrores de estas dos posturas antagónicas, es aquí cuando la socialdemocracia se abre como una respuesta a la incertidumbre actual a través de la reflexión histórica sobre una propuesta política que hoy se demuestra imprescindible. De esta forma, en el ocaso del fundamentalismo del mercado, en donde el modelo neoliberal se ha caracterizado por promover la reducción de los servicios públicos, el acoso a los sindicatos y la idea de que los ricos siendo más ricos generan prosperidad, se ha renovado la posibilidad de crear una sociedad cohesionada e inclusiva, que apueste por un futuro sostenible para cada país y para la sociedad global.

Es ineludible para las aristas de la socialdemocracia en México que como opción y propuesta de gobierno se pueda aumentar el poder adquisitivo de los salarios en donde se garantice una serie de servicios públicos que, por medio de un modelo económico keynesiano –como una opción no limitativa–, se le permita a todos los trabajadores mexicanos prescindir de la necesidad de financiar la educación de los hijos, la salud familiar o simplemente de mantener gastos irracionales de transporte o de vivienda.

No solo es mejorar la profesionalización y calificación de los ciudadanos, sino de ampliar a lo que se conoce como “salario indirecto”. Esto de nuevo suena a la hora de la socialdemocracia, para ello, es indispensable la formación de propuestas políticas que propongan con credibilidad el cambio de modelo.

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