Es cierto: hay que acabar con la pobreza en el país. La mayoría de los mexicanos sufre algún tipo de carencia, lo que se convierte en un obstáculo para el correcto desarrollo de su potencial humano. Sin duda, la sociedad en su conjunto se beneficia con cada ciudadano que mejora su calidad de vida.
Es falso: que el propósito de terminar con la pobreza pueda lograrse prescindiendo del aparato productivo del país y muy en especial, de las micro, pequeñas y medianas empresas. Sin los empleos que estas generan, siete de cada diez, la economía mexicana simplemente sucumbe. Por ello, las Pymes deberían ser el núcleo principal de la reactivación económica de México, impulsada desde el Gobierno federal en épocas de crisis como la que estamos viviendo.
Es cierto: los despidos son indeseables. Nuestra meta debe ser, sin duda, la preservación de todos y cada uno de los empleos en el país. Nadie debería quedarse sin la posibilidad de llevar el sustento a sus hogares, menos, en estos tiempos de pandemia.
Sin embargo, las primeras semanas de la contingencia ya le costaron a México 346 mil plazas laborales, reconocido oficialmente, y todo indica que serán muchas más.
Es falso: que los despidos sean por gusto. Se trata de una medida extrema a la que las empresas han debido acudir ante la posibilidad real de desaparecer producto de la crisis.
Lo hacen porque, sin la capacidad de generar ingresos debido a la contingencia sanitaria, fueron orilladas a elegir entre pagar la nómina o sus impuestos y cuotas del IMSS.
Las pérdidas en ventas ya ascienden a 2 mil millones de pesos y los expertos vaticinan que alcanzarán la espeluznante cifra de 250 mil millones de pesos. ¿Cómo sostener su planta laboral así, si no se reciben apoyos que incluyan el diferimiento del pago de obligaciones fiscales?
Es cierto: aprobar la suspensión de pagos de impuestos y de las cuotas obrero-patronales es un sacrificio para el Gobierno. Se requieren recursos extraordinarios para poder afrontar la pandemia con éxito y en especial en el sector salud. Sin duda, vale oro cada peso que se destine a reducir los contagios y a mejorar la atención en clínicas y hospitales de quienes enfermen por el coronavirus.
Es falso: que el Gobierno federal no cuente con esos recursos. Le bastaría con suspender la aplicación adicional de 65 mil millones de pesos para el funcionamiento de Pemex, a sabiendas de que son insuficientes para sacar del hoyo a la paraestatal, para aplicar esos mismos recursos en un programa serio de protección al empleo. Pero, también puede echar mano del dinero destinado a Dos Bocas, el Tren Maya o el Aeropuerto de Santa Lucía. Obras que de por sí no eran prioritarias pero que, bajo las circunstancias actuales, simplemente son un derroche.
Es cierto: México necesita de la unidad de todos para salir airosos de la crisis más grande en los últimos 100 años; una que, si bien inicia con la salud, se está trasladando rápidamente a la economía y golpeará con fuerza lo social.
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