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Coahuila

Daño moral y fractura institucional

Por María del Carmen Maqueo Garza

Hace 6 años

Lo expresado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, respecto al Dr. Jaime Nieto Zermeño, director del Hospital Infantil de México Federico Gómez, es asunto serio. Desde su investidura como Presidente de la República, es muy serio.

Si nuestra actuación rebasa el entorno personal, nos convertimos en figuras públicas, obligados a un dicho responsable, respaldado en datos duros.

Después de un año nos hemos acostumbrado a las expresiones festivas y hasta ocurrentes, del Ejecutivo federal. Atestiguamos su forma de celebrar el ocupar el cargo que hoy ostenta, ya sea a través de la mañanera, ya con los pobladores de los diversos lugares que visita.

Una cuestión muy distinta se presenta cuando se trata de fincar responsabilidades. En este caso, con respecto a la falta de medicamentos para niños con cáncer, el Mandatario sugiere la posibilidad de irregularidades en el abasto, por parte del director del Hospital Infantil. Como médico pediatra de provincia, no tengo el gusto de conocer en persona al doctor Nieto, pero sí sé de su trayectoria profesional, así como de la opinión que su desempeño dentro del Hospital Infantil merece a diversos pediatras formados en él.

Una cuestión es manifestar el  sentir propio en redes sociales, tantas veces bajo un seudónimo que  permite atacar a otros sin consecuencias. Algo muy distinto es hacerlo desde una tribuna como figura pública, obligado a rendir cuentas a la sociedad. A partir del momento en que se sugirió por parte del Ejecutivo, la posible responsabilidad del doctor Nieto en malos manejos, se han hecho escuchar diversas voces que lo refutan como un juicio temerario, sin fundamento, dicho tal vez para salir del paso en ese momento, como ha sucedido más de una vez en esta administración. Hoy sumo mi opinión a la de esos colegas que  conocen al doctor Nieto, que manifiestan su rechazo a señalamientos hechos sin pruebas que los sustenten.

En el ejercicio periodístico, como función pública que es, cada expresión personal debe tener datos duros que la respalden, principio que aprendí en los albores de mi oficio. Así se trate de un artículo de opinión, no puedo escribir por simple corazonada; el periodismo y la fe no son compatibles, de manera que el “yo creo” no aplica al momento de hacer pública mi opinión. Tengo plena libertad de  expresarla, sin lugar a duda, pero siempre más allá de mi particular parecer, con base en datos comprobables.

Atribuir desde una tribuna, determinada responsabilidad a una persona, sin la debida comprobación de hechos, equivale a una forma de daño moral. Como lo mencioné al inicio, es algo que repetidamente se hace en redes sociales. Pero como figura pública desde una tribuna, estamos obligados a hacernos responsables de nuestro dicho.

Reconozco en usted, señor Presidente, una notable inteligencia interpersonal. De acuerdo con los principios expresados por Alex Grijelmo, en su magistral obra La Seducción de las Palabras, su mensaje ha sabido llegar a donde se necesita, al corazón de ciudadanos desesperanzados, hambrientos de un cambio. Ese encantamiento sigue vigente en gran parte de la población, al grado que algún tuitero  expresó, con relación al problema del desabasto y en defensa suya, que “esos angelitos darán la vida por un México mejor”.

Los problemas de un país no se resuelven destruyendo sus instituciones. El doctor Nieto es muy claro en afirmar que la nación es lo primero, y vaya que lo dice desde la difícil situación que  él y su familia están sufriendo.

Los médicos enfrentamos la enfermedad y la muerte cada día. Nuestra formación profesional nos aleja de ser indiferentes ante el sufrimiento del paciente o de sus familiares. Un especialista que ocupa la dirección de un hospital nacional de alto renombre, regido por un cuerpo de Gobierno, difícilmente va a ser un ladrón insensible. Pero, si así se sospechara, antes de señalamientos públicos habría que hacer las diligencias por los canales correspondientes.

Señor Presidente: me preocupa la liviandad de sus declaraciones, tanto por el daño moral a un colega de excelencia, como por la fractura de las instituciones más sólidas que México tiene.

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