Por: Manuel J. Jáuregui
Como Pegaso, el corcel alado de la mitología griega, el tiempo ha volado, querido amigos, y nos encontramos hoy a una escasa semana de despedir para siempre un 2019 que demostró desplegarse varios códigos postales más allá de interesante.
Dícese de la existencia de una antiquísima maledicencia china que consiste en desearle al malquerido “que viva en tiempos interesantes”, y por interesantes debemos interpretar: de peligro e incertidumbre.
Eso hemos tenido los mexicanos y un poco más, dentro y fuera de México.
Coincidirán con nosotros, amables lectores, en que para nuestro país dos son los grandes temas que internamente dominaron el escenario nacional en este 2019 al que estamos a punto de tocarle Las Golondrinas.
Por un lado, la terca y persistente inseguridad que como cáncer crece y nos invade, trastocando nuestra paz social y, por el otro, la caída en picada de varias de las más importantes gráficas relacionadas con la economía mexicana.
Grandes e importantes temas estos, ambos, que de no ver alterado para bien su rumbo en el venidero año impactarán negativamente en el nivel de vida de los mexicanos. No exageramos al afirmar que el permitir que sigan deteriorándose tanto la economía como el orden y la paz social resulta insostenible, pues amenazan con colapsar a nuestras instituciones y con ello nuestra democracia y forma de vida.
El tema de la inseguridad está bastante a la vista, con las ejecuciones a niveles récord (lo cual en sí mismo es mucho decir), asesinato de policías promediando uno diario, descoordinación prevalente y evidente ineficacia en la prevención y combate a la narcodelincuencia rebasando a las instituciones de seguridad del Estado.
Por si esto no fuese suficiente para preocupar, deben sumarse a ello las cifras de nuestro desempeño económico las cuales indican –precisamente– que este es malo, rayando en pésimo.
La industria de la construcción, tradicionalmente en México el mayor empleador de mano de obra, lleva dos años consecutivos a la baja, pero una baja estrepitosa, que en zonas del país (como la Capital) sobrepasa los dos dígitos, siendo lo peor que no se vislumbra en el horizonte ninguna medida oficial que se pueda tomar como paliativo, que el cual incluso parcialmente pudiese generar la recuperación de algunos de los estimados 600 mil empleos perdidos tan solo en este rubro en el último año.
El consumo interno se ha contraído, el crecimiento económico –en promedio– está en cero, pero en ciertas zonas del país está a la baja, lo cual –por supuesto– indica una caída de empleos adicional.
Venta de coches a la baja, inversión a la baja, confianza a la baja, ¡hasta la producción de Pemex se ha caído!
Está en un 9% en el último año, y ello cuando este Gobierno había prometido que subiría este año. Actualmente el monopolio gubernamental está produciendo apenas poco más de un millón y medio de barriles de crudo diarios, cifra ridícula que es menos de la mitad de lo que la paraestatal producía en el 2004.
Incluso los pronósticos de crecimiento para el 2020 están siendo constantemente revisados a la baja y esto, pensamos nosotros, como consecuencia de que el Gobierno ante el alud de datos adversos no muestra propósito de enmienda alguno.
Es decir: no existe evidencia en los hechos de que se quiera corregir el rumbo, pero sí de que se dobla la apuesta por insistir en continuar con las mismas políticas que han demostrado escasa efectividad (en este y en muchos otros terrenos).
Pero bueno, estamos habiendo festejado la Navidad, busquemos consuelo donde se encuentre: pronto tendremos una sola Liga Nacional de Beisbol. ¡Aleluya!
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