H ay ocasiones en las que el corazón gana… ¡hoy escribiré algo que me da la gana!; y no te sientas ofendido -lector-, es solo que cumplió años el que pudiera ser mi mentor.
O jalá me entiendas -y más, ojalá le conozcas- para que estés de acuerdo en que mi homenaje se lo merece un amigo que lo es con creces.
M uchos pueden no saber a quién me estoy refiriendo, y pa’ que quede claro, es a mi Homero, a quien dedico este texto.
E n alguna ocasión me dijo: “Solo le pido a Dios tener un chingo de jale”… Él se lo concedió, y Homero Lara correspondió sin vale.
R epito por segunda vez: no es obligación conocerlo, pero ojalá lo vieran a los ojos para saber que es un Lara Valdés, el que pudo hacer las cosas al revés.
Ojalá y todos tuvieran un amigo como el mío… que no sabe decir “no”… ¡como don Gustavo le enseñó!
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