Arte

Publicado el viernes, 12 de febrero del 2021 a las 05:22
Saltillo,Coah.- Para María Vizcarra la fotografía significa libertad. Si bien la joven de 25 años estuvo en contacto con la lente desde pequeña gracias al trabajo de su papá, quien se desempeña como fotógrafo, fue hasta que vivió el aspecto marcial del mundo militar que optó por romper sus límites a través de las imágenes.
La palabra que mejor define esto es Liberación, misma que titula su primera exposición, la cual inauguró ayer en el Teatro García Carrillo. En esta serie de 20 piezas los modelos, literalmente, se parten y muestran los vacíos y heridas que, con el paso del tiempo, han sanado, ya que la muestra nació en un momento caótico: el inicio de la pandemia y la caída emocional de su autora quien buscó en su cámara “la sanación”, como explicó a Zócalo en entrevista.
En ella relató que desde los 16 años presionaba el obturador en eventos sociales, pero fue cuando iniciaron sus estudios de Medicina Militar que comenzó a “apreciar lo intangible. Estar ahí cambió mi perspectiva del mundo y mi carrera, para dedicarme a las artes”.
El porqué de esa decisión fue, según explicó, porque en la milicia “todo era muy rutinario, tus decisiones prácticamente no eran tuyas, sino que otra persona decidía por ti; no tenías libertad de pensamiento. Creo que faltaba un poco de humanidad, eso fue lo que cambió en mí: valorar el simple hecho de salir a un parque cuando yo quisiera o comer un helado. Valoré lo simple”, detalló.
Esa humanidad y la sensación liberadora, la encontró en la fotografía, pero no en la social en la que se desempeñaba, sino en el retrato, en fotografiar al otro y verse a sí misma. Género en el que, como apuntó Vizcarra, “podía demostrarle al mundo mi visión de él, permitirles ver mi abismo”.
Fantasías visuales
Y es ahí en donde comienza a tomar forma su trabajo actual, uno que utiliza las técnicas ilimitadas de la manipulación digital para dar vida a imágenes reales en sus modelos, pero surreales en sus ideas: mujeres cuya cabeza está llena de mariposas; torsos que se abren y desbordan plantas en el viente, o espaldas que se quiebran para liberar pajarillos de su cárcel.
Además de estas puede encontrarse cuerpos en los que la cabeza es consumida por una llama, pequeñas personas que viven bajo la presión de una mano gigante o rostros cuyas facciones han sido sustituidas por un agujero negro.
“La exposición hace énfasis en la pandemia, porque yo estuve en una situación difícil, entonces lo que quise (en estas fotos) fue mostrarle al mundo mi crecimiento durante la pandemia. Muchas personas nos vimos obligadas a tener un autoestudio y una aceptación, y de estas algunas llegamos a la sanación”, un estado cuyas puertas fueron abiertas por la fotografía, pero sostenidas por otras cosas que “ayudaron a liberar mis emociones”, entre ellas el yoga, la música y la lectura.
Esta última es de especial importancia ya que Vizcarra sostiene que “muchos autores pueden decir en palabras lo que nosotros no, y a partir de ellos yo visualizo mis imágenes”. Así la influencia de los relatos fantásticos de Edgar Allan Poe y Jorge Luis Borges pueden sentirse en sus fotografías que rompen esta realidad para llegar al mundo de las emociones y, a partir de ahí, consumar su liberación.
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