La relación entre el líder máximo y único conductor de la 4T, y los gobernadores, especialmente los 10 que integran la llamada Alianza Federalista, ha sido siempre, y por decir lo menos, ríspida. Si algo falta es coordinación y si algo sobra es confrontación, y qué lamentable ya que en ello perdemos todos.
Lo que sucede, en la forma, bien se podría reducir a una historia en que los poderes juegan a los pulsos: por un lado, la 4T exige lealtad absoluta, apoyo incondicional, y por el otro, desde sus respectivas trincheras, los mandatarios estatales exigen respeto y ser informados, en tiempo y forma, sobre los asuntos más relevantes. Los gobernadores no se someten y la 4T los castiga ignorándolos olímpicamente.
Usted podrá tomar partido, conforme a sus propias filias y fobias ideológico-partidistas, a favor del Gobierno federal o de los estatales, pero lo cierto es que en este permanente juego de vencidas, el que pierde es México, ya que si algo hace falta es coordinación y suma de esfuerzos para superar, como nación, el contexto socioeconómico y de salud más complicado de la historia reciente.
El primer round, se dio cuando se declaró la contingencia sanitaria. La falta de coordinación y la abismal diferencia de estrategias para enfrentar la pandemia fue evidente, y en más de una ocasión generó reclamos y distanciamientos.
Luego, el segundo round, esa pugna por la distribución de recursos en el presupuesto 2021 que llegó incluso al amago de romper con el pacto fiscal por parte de los 10 mandatarios de la Alianza Federalista.
Llegó el tercer round con el Plan Nacional de Vacunación, en el que los gobernadores fueron nuevamente ignorados y ahora inicia el cuarto, a propósito de la crisis por la escasez de gas natural, que derivó en miles de millones de pesos en pérdidas para los sectores industrial, comercial y de servicios.
El gobernador Riquelme dice que Coahuila no aceptará chantajes ni bloqueos, al referirse a las políticas dictadas desde el Gobierno federal, que han frenado el desarrollo económico de las entidades y a las que califica de suicidas. Pues sí… habrá que ver qué se hace para frenarlas.
Y todo esto en solo un año. En fin, nadie sabe qué pasará mañana, y nunca mejor dicho ante lo errático y caótico de las estrategias federales para enfrentar cualquier cosa y la escasa capacidad de los estados para evitarlo. Lo único cierto es que hoy no existe ningún elemento que nos permita suponer que el choque de visiones entre la 4T y los gobernadores, vaya siquiera a disminuir de tono en los próximos meses.
En el fondo, pierde la 4T que sigue atrincherada en su burbuja; pierden los estados que seguirán “castigados”, en términos de recursos y de colaboración, y también pierde México… desgraciadamente.
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