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Coahuila

Libre competencia

Por Marcelo Torres Cofiño

Hace 5 años

Que el modelo de libre competencia es imperfecto y está lleno de vicios que terminan favoreciendo a unos pocos, eso es posible. Pero, lo que es seguro es que los monopolios son bastante peores. En México lo hemos sufrido en carne propia, porque se pensó que la potestad del Estado sobre determinados productos o servicios garantizaría su abasto. Eso nunca terminó de suceder.

Lo que los monopolios estatales sí lograron fue la gestación de algunos de los líderes sindicales más corruptos, como Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, Carlos Romero Deschamps o Martín Esparza,todos ellos de muy tristes recuerdos para nuestro país. Pero, también, se convirtieron en fuente de otras muchas corruptelas y desfalcos, que sucedieron a costa del deterioro y la creciente ineficiencia de las paraestatales.

Mienten de manera descarada quienes aseguran, por ejemplo, que los precios de la energía eléctrica se elevaron como consecuencia de la reforma energética. Si se revisan los datos se puede constatar que el aumento del kilowatt/hora ha sido constante, con la excepción de los años 2014 a 2016, justo después de aprobada la reforma, en los que hubo una disminución engañosa, seguramente promovida por el Gobierno de Peña. Pero, lo importante es reconocer que los aumentos no tienen como causa esa modificación legal sino el comportamiento natural del servicio de generación, distribución y comercialización de la energía eléctrica.

Una razón sencilla es el incremento constante de la demanda. Si un producto o servicio es altamente demandado y no existe la suficiente oferta, la consecuencia normal es que suban sus precios. Y en este caso no es porque se busque una mayor utilidad sino porque se requiere invertir en mayor infraestructura para hacer llegar la energía a una población cada vez más demandante, lo que eleva los costos para la empresa y, por tanto, los precios a los que comercializa su producto.

La reforma fue diseñada para atender esa realidad, pero no podía hacerlo en el corto plazo. Era necesario que hubiera más competidores en el mercado como para, al menos, encontrar un equilibrio entre oferta y demanda. No solo eso. Se promovía que la producción adicional fuera a partir de energías limpias, de tal manera que, además de mejores precios, tuviéramos un menor impacto ambiental.

De manera lastimosa eso no va a llegar a suceder pronto, porque la 4T, basándose en engaños y verdades a medias, se ha propuesto dinamitar la reforma en materia de electricidad. Por fortuna la Suprema Corte de Justicia echó abajo su primera intentona. Pero, como pudimos constatar esta semana con la iniciativa del Presidente, no van a descansar hasta lograrlo. Impulsar, como pretenden, las prácticas monopólicas en favor de la CFE, no son la respuesta a nuestros problemas de abasto o de precios. Todo lo contrario.

Como malos gestores que son (ni siquiera pueden hacer un registro web que funcione), incrementarán los subsidios para aparentar que sí disminuyeron los precios, pero es insostenible en el largo plazo. Lo único históricamente efectivo para lograr tal fin, es la libre competencia.

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