La cuestión, en el fondo, no son en sí las estadísticas sobre contagios y muertes por Covid, ya que estas solo reflejan un fragmento de la realidad en una suerte de fotografía con días de retraso.
La cuestión es si los datos disponibles impactan en el ciudadano y si mayoritariamente ajustamos nuestra agenda laboral y social a los niveles de riesgo que sugieren las cifras, que, si bien resultan una aproximación, pues no hay más.
La realidad nos grita que no, que este pretendido monitoreo diario del impacto de la pandemia que aterriza en esas cifras oficiales que dan cuenta del número de nuevos contagios y de cuántos ciudadanos perdieron la vida en las últimas 24 horas por el Covid, termina por hartar. Los números saturan, molestan, confunden y, en muchos casos, dejan de significar algo para los ciudadanos.
Por ejemplo: según la Secretaría de Salud de la 4T, el Covid ha matado a 155 mil mexicanos en 11 meses. ¿Esto ha impedido que alguien asista, con familiares y amigos a un bar o cantina? Y si le digo que no son 155 mil, sino 245 mil los mexicanos que ha matado este virus, según los “otros datos” del Inegi, ¿dejarían de organizar fiestas y reuniones en sus casas este fin de semana?
Según la Secretaría de Salud del Estado, la pandemia le ha arrebatado la vida a 4 mil 950 coahuilenses, ¿esto les haría entender la importancia de usar siempre cubrebocas? O, según lo que advierte el Inegi, serían mucho más los coahuilenses muertos por este virus, alrededor de 7 mil, entonces ¿ahora sí serían rigurosos con mantener siempre la sana distancia?
Ojalá y así fuera, aunque basta recorrer nuestras calles para atestiguar que las cifras, las estadísticas ya no significan nada, cada vez para más ciudadanos. Desgraciadamente.
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