Algo anda mal en el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador cuando cada vez que uno de sus conocidos da positivo para Covid-19, la gente dice: “Sheffield, la esperanza de México”. O Fayad, o Murat o el que sea que haya estado cerca del amado líder. Me cuesta trabajo creer que alguien desee que el Presidente se enferme de ese terrible virus, sobre todo tomando en cuenta que tiene problemas de riñón, hipertensión y antecedentes de infarto. Además, ya dijo el güerito Hugo López-Gatell que AMLO no tiene fuerza de contagio, porque tiene fuerza moral. ¡Ay, goooei! Ante este panorama, me resultó muy extraño escuchar a un funcionario de la Presidencia decir que AMLO no está enfermo y que no se ha hecho la prueba de detección del coronavirus. Qué bueno que no lo tenga, pero… ¿qué necesidad había de aclararlo? Si el consejero jurídico Julio Scherer Ibarra tuvo que salir a “aclarar” las cosas, es porque en algún lado se sabe o se especula que el Presidente está malito. Y ya sabemos que cuando un político dice “eso no es cierto”, es porque, muy probablemente, sí sea cierto.
Merecemos la morición
Si hubiera un tribunal para decidir quién debe morir por Covid-19 y quién debe salvarse, los chilangos estaríamos jodidos y condenados de antemano. Y es que no merecemos otra cosa que la extinción luego de ver que una banda secuestró a médicos y enfermeras que vinieron de Chiapas y otros estados ¡a ayudar! Si ya de por sí en la CDMX no nos respetamos unos a otros en tiempos normales, en estos tiempos de cuarentena resulta una mentada que se les agradezca con una extorsión a quienes vienen a arriesgar su vida por otros. Qué bueno que la Procu capitalina logró rescatar al personal médico, pero lo que se necesita es que atrapen a que quienes llevaron a cabo el secuestro, los encueren y los avienten al Metro Pantitlán en hora pico y sin cubrebocas para que se contagien. Y, ¡oh justicia divina!, cuando lleguen ahogándose a un hospital suplicando que les salven la vida, que los atienda una doctora o un enfermero de esos a los que secuestraron. ¿A poco no sería hermoso?
¿Y el cubrebocas, apá?
Tuve que salir para ir al médico y fue una experiencia extraña, emocionante y muy decepcionante. Extraño porque la mayor parte del tiempo tengo que estar encerrado oyendo a mis vecinos pelearse, follar o jugar videojuegos. Ya extrañaba eso de ir por la calle preocupado porque no he verificado el coche y preguntándome si circulo ese día, si verifiqué y si algún día me ganaré el Melate. Me di cuenta que no iba manejando de la mejor manera, sino más bien distraído, como si mi mente siguiera en cuarentena, por lo que iba cambiando de carril y hasta con exceso de velocidad sin darme cuenta bien de que estaba a punto de embarrarme con el Metrobús. Fue emocionante por el simple hecho de dejar de ver las paredes del departamento y las ventanas de mis vecinos, especialmente la de la modelo colombiana que tiene la mala costumbre de andar paseándose desnuda por su casa ¡y a todas horas! Lo decepcionante fue confirmar que sigue habiendo mucha gente que nomás no se cuida. Yo entiendo que muchos tienen que salir a trabajar por necesidad, pero de eso a que ni siquiera lleven cubrebocas, sí calienta. Hay quienes andan por la calle como si de verdad creyeran que a ellos no les va a pasar nada. Han de traer una estampita de AMLO en los calzones.
¡Nos vemos el domingo!
Notas Relacionadas
Hace 3 minutos
Hace 30 minutos
Hace 3 horas
Más sobre esta sección Más en Nacional