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Coahuila

Plaga y brecha social

Por Gerardo Hernández

Hace 5 años

La enfermedad por coronavirus ha mostrado al neoliberalismo como a «El rey desnudo» de Hans Christian Andersen. El flagelo favorece a los de siempre y castiga a los de toda la vida. El mundo se verá más presionado en adelante por una mayor pobreza, advierte Édgar London en el siguiente texto («Espacio 4», 660).

«La pandemia por coronavirus no solo ha segado la vida de más de 2.4 millones de personas, también ha puesto de relieve las profundas desigualdades sociales que minan a la población mundial. La inequidad del sistema económico permite que, en medio de la emergencia por la crisis sanitaria, los más poderosos cuenten con mejores opciones de sobrevivencia y recuperación. En tanto, los sectores históricamente vulnerables son víctimas del virus y de la falta de oportunidades para acceder a un empleo o a una adecuada atención médica. Esta circunstancia resulta más letal que la Covid-19.

»El informe The Inequality Virus, publicado por Oxfam Internacional en enero pasado, apunta al respecto: “El hecho de que grupos de identidades concretas se enfrenten a una mayor vulnerabilidad se debe a la injusta estratificación histórica que continúa presente en la actualidad. El racismo, el sexismo y otras formas de discriminación no se basan simplemente en prejuicios irracionales, sino en mecanismos estratégicos con fines de explotación y expolio que han perdurado en el tiempo y que han beneficiado a ciertas personas a expensas de otras”.

»El coronavirus dejó al descubierto las terribles consecuencias del mal manejo de los recursos en el sistema de salud público, rebasado de la noche a la mañana por el elevado número de pacientes junto con el desabasto de medicinas. Su contraparte privada tampoco ha sido capaz de cubrir el vacío, pues el acceso a sus servicios se mantiene inaccesible para la mayor parte de la
población.
»Es entonces que la mercantilización de los sistemas de salud, de la mano con la falta de acceso a agua potable y saneamiento, la precariedad del empleo, la ineficacia de los programas de protección social y la imposibilidad de acceder en tiempo y forma a los medios de comunicación, crean una barrera infranqueable para las comunidades pobres que permanecen en constante estado de indefensión, tanto por su dificultad para alcanzar los insumos mínimos indispensables como para estar correctamente informados sobre lo que sucede y las maneras de afrontarlo.

»El fenómeno no es nuevo. Ha permanecido, por siglos, subyacente en el acontecer diario de cualquier nación. El problema es que el impacto de la pandemia potenció la brecha que separa a ricos de pobres. Al tratarse de un acontecimiento simultáneo y global, todos pudieron voltear a un lado y descubrir que su vecino enfrentaba dificultades idénticas; que viven bajos las mismas falsedades promovidas por políticos y dueños de emporios; que no han escapado del estigma del racismo y la xenofobia, que el llamado libre mercado no es capaz de proporcionar asistencia sanitaria a todos por igual y que si bien la Covid-19 no distingue géneros, etnia, razas ni clases sociales, suelen ser las mujeres, los indígenas, las personas de raza negra y quienes viven en la miseria los más expuestos a sus consecuencias nefastas.

»Las estadísticas se globalizaron y, con ellas, el número de pobres, de desempleados, de enfermos y fallecidos. Pero, también, se evidenció (…) que las desigualdades generadas por las políticas neoliberales solo han servido como instrumento para mantener inamovible esta jerarquía económica y social.

Apunta Oxfam que “las fortunas de los milmillonarios han recuperado el nivel previo a la pandemia en tan solo nueve meses, mientras que para las personas en mayor situación de pobreza del mundo esta recuperación podría tardar más de una década en llegar”».

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