No es difícil imaginar cómo serían las “mañaneras” si los resultados de la gestión de López Obrador al frente de México se parecieran, aunque fuera un poquito, a sus múltiples y desbordadas promesas de campaña: en lugar de la colección de insultos, provocaciones y descalificativos a quienes no comparten su proyecto, veríamos al Presidente vanagloriándose en sus logros (y no solo de sí mismo, como hace en la actualidad).
En esas imaginarias “mañaneras”, Andrés Manuel nos relataría emocionado, cómo millones de mexicanos habían abandonado por siempre la pobreza, gracias a sus muy efectivos programas sociales. Hablaría, además, de las acciones que ya estaría poniendo en práctica para sacar de su condición vulnerable a quienes todavía no hubieran sido rescatados, hasta que nadie más tuviera que necesitar de la ayuda de ningún otro Gobierno.
Serían “mañaneras” llenas de datos sobre el crecimiento de la economía, incluso con la pandemia encima, gracias a las brillantes estrategias implementadas por su Gobierno. La muerte del neoliberalismo habría sido declarada y corroborada cada día, con datos sobre un casi nulo desempleo; la llegada de carretadas de inversionistas extranjeros y la consolidación de una pujante industria mexicana demócrata y patriótica, a la que no le preocuparía el futuro de sus inversiones porque estarían arropadas bajo el manto protector del autor de libro: Hacia una Economía Mundial, obra digna del Novel en la materia.
Unas “mañaneras” plagadas de datos sobre cómo se domó la pandemia a tal grado que, la noticia sería la ausencia de contagios de coronavirus y, por supuesto, de muertes por esa causa. Datos que, sin embargo, se perderían en medio de toda esa información sobre el sistema de Salud, que tal como lo prometió, incluso ya en la presidencia, no tendía ya nada qué pedirle al de Inglaterra o al de los países nórdicos.
Y qué decir de los datos sobre la disminución de la violencia; sobre la nula corrupción; el aumento de la productividad de Pemex; la disminución de los precios de la gasolina a niveles de la década pasada; el incremento del aprovechamiento escolar; la desaparición de los feminicidios y de todos los abusos hacia las mujeres; y muchas otras de las maravillas que aseguró que ocurrirían apenas llegara él al poder.
En esas “mañaneras” imaginarias, López Obrador no dejaría espacio alguno para la duda, porque con los datos oficiales –porque está claro que no existirían los “otros datos”– podría demostrar que la cuarta transformación es real y que México al fin se había deshecho del PRIAN y que se había alejado para siempre a los de la mafia del poder; de los dueños del mundo; de los “fifís” y los conservadores.
Lamentablemente, como no hay logros porque ni el avión ha podido vender, pues seguiremos escuchando toda clase de improperios y acusaciones sin fundamento, en medio de esas largas pausas en las que, como decía el “meme”, caben tres peleas de “El Canelo”. Por cierto, el boxeador sí da resultados en un minuto.
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