Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Niña pierde la vida por presunta bala perdida durante jornada de violencia en Matamoros Votará Papa León por correo en elecciones de EU Muere niña en balaceras tras captura de “Axel” en Matamoros El Banco de Japón afirma que la inflación alcanzó su meta del 2% después de 13 años Coparmex e iglesias se unen en un frente histórico por la paz ante la violencia en México

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Opinión

Nadie conoce las goteras de una casa… hasta que vive adentro.

Por María José César

Hace 5 años

Para sentirnos plenos y felices en nuestra familia o en el trabajo, la clave reside en sentirnos motivados, valorados y aceptados. Cuando no logramos aceptar nuestras circunstancias ni a nuestros papás, hijos o pareja, comenzamos a juzgar interiormente las acciones y las decisiones que toman, cuestionamos su actuar y se nos hace fácil hablar de la vida de los demás. Y es que los conflictos interpersonales se originan de forma natural cuándo se imponen las propias posturas o se interponen las formas de pensar, porque cómo individuos estamos hechos para relacionarnos y vivir en comunidad.

El juzgar y hablar de los demás o de circunstancias que no nos conciernen, nos convierte en seres negativos, inflexibles, chismosos, duros y nos aleja de nuestra esencia y capacidad para ser compasivos.

El Dalai Lama decía, antes de juzgar a alguien, juzga tus propios pensamientos; de esa manera te darás cuenta, que quizás no seas el más apropiado para juzgar.

No tenemos el derecho de JUZGAR, calificar, señalar, afirmar, declarar u opinar sobre la historia de otra persona porque no la hemos vivido en carne propia. A medida que trabajemos nuestro respeto hacia otros y dejemos de mirar sus acciones, más compasivos seremos con los demás y con nosotros mismos.

Pero… ¿Qué pasa cuando nosotros nos sentimos juzgados? Respondemos automáticamente de una forma negativa, a la defensiva, reprimiendo ese sentimiento, liberando nuestra ira a través de gritos, o juzgando a la otra persona. Para nuestra salud emocional, es fundamental comprender que el sentirnos juzgados es responsabilidad nuestra. No podemos culpar a los demás de nuestras propias emociones pero sí debemos reconocer lo que sentimos. La tolerancia, paciencia y el control de nuestra ira, son virtudes y herramientas que pueden ayudarnos a manejarnos de manera más asertiva en situaciones de conflicto.

Para crecer en este tema, primero debemos conocernos…
¿Critico constantemente las acciones de mis padres o de mi familia?
¿Me parecen “tontas” sus decisiones?
¿Tiendo a hablar con sarcasmo sobre la “nueva” cosa que dijo o hizo tal persona? ¿Disfruto hablar sobre la vida y/o conflictos de otras personas?
Si te identificaste con alguna de estas preguntas, primero debemos comenzar liberando esas actitudes y crecer en el respetar y hablar positivamente de otros.

Nadie conoce las goteras de una casa, hasta que vive adentro. Por eso es mejor no juzgar. Es muy fácil opinar y hablar sobre temas de actualidad, chismes, notas de personalidades o políticos y sobre los errores de los conocidos; pero es importante reflexionar fuertemente que lo que sale de nosotros regresará a nosotros, es decir, si el 80% de lo que sale de nuestra boca es crítica o juicio sobre los demás, ese porcentaje regresará de alguna otra forma. Se dice que cuándo criticamos a alguien, esa persona recibe bendiciones y nosotros conseguimos negatividad.

¿Cómo dejar de juzgar?
•Antes de opinar, pregúntate si es algo positivo o negativo.
•Ponte en los zapatos de esa persona.
•Cuando no estés de acuerdo en algo, respira y medita, está bien no pensar igual y que cada quien tiene su lado de la historia.
•Pregúntate- ¿Por qué me sentí así? ¿La persona tenía la intención o yo estoy haciendo más grande el problema? ¿Me lo tomé personal?
•Si estás en una situación en la que te sientes juzgado, contesta:
o “Me duele sentir tu juicio sobre mi, te pido me respetes y aceptes que tengo una forma diferente de ser, pensar y hacer las cosas.”
•Si no pudiste hacer frente a ese juicio, lo reprimiste o “te lo tragaste”, regálate un minuto para ti:
o “Me siento juzgado y me duele. Reconozco mi emoción, la miro y la dejo ir. Me siento orgulloso y feliz de ser, hacer y pensar cómo soy. Libero cualquier inseguridad que me haya provocado esta situación y me envuelvo en seguridad.”

Existen personas que nos juzgarán toda la vida y el trabajo asertivo y efectivo no consiste en cambiar a los demás, sino en creer en nosotros mismos, cambiar nuestra mirada sobre las cosas, nuestros patrones de pensamiento, dejar de juzgar en cada momento a los demás, y manejar nuestras emociones de manera asertiva cuándo nos sentimos juzgados.

Notas Relacionadas

Del clan Taddei

Hace 1 hora

El efecto Taddei

Hace 3 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 10 horas

Más sobre esta sección Más en Opinión

Hace 1 hora

Del clan Taddei

Hace 3 horas

El efecto Taddei

Hace 10 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar