Saltillo
Publicado el lunes, 10 de mayo del 2021 a las 03:50
Piedras Negras.- Los rayos del sol calan y la temperatura de 35 grados centígrados continúa ascendiendo. Alejandra carga a su pequeño hijo Azani, de 8 meses, en una cangurera, mientras pide dinero en un crucero para poder darle de comer.
Su tez tostada por los intensos rayos del astro rey parece pedir una tregua, y es cuando otro pequeño de apenas 11 años se acerca para ofrecerle a su tía una pequeña sombrilla para aminorar los estragos.
“
Estoy feliz de ser mamá”, expresa al abrazar a su pequeño.
Migró desde Honduras, cuando su bebé apenas tenía un mes de nacido; ha tenido que enfrentar muchas situaciones difíciles en su camino. Tiene fija una meta y es el poder dar a su hijo una mejor vida, libre de violencia y con una buena atención médica por su problema del corazón y asma.
Decidió migrar junto a dos de sus tías y sus hijos. Por ser mujeres han tenido que enfrentar diversos peligros y más al tener que subir al tren arriesgando su vida.
Alejandra comparte que salió de Honduras porque ya no podía más. Era víctima de violencia, recibía golpes del padre de su hijo, quien era drogadicto y que además vendía drogas. Tiene junto a sus tías un mes en Piedras Negras, lo más difícil ha sido el no tener ni agua que darles a los niños, a su pequeño o el verse con dificultad para conseguir el medicamento de su pequeño Azani.
Al ver lo difícil que es cruzar el río Bravo y tantos fallecimientos que se han dado, más de 50 en lo que va del año, han decidido esperar en Piedras Negras a que Estados Unidos abra las solicitudes de asilo.
Duermen a la orilla del río Bravo
El migrar con sus tres hijos ha sido muy difícil para Kaely, una madre de 28 años, oriunda de Honduras. Han pasado hambre, enfermedades de sus hijos y estuvieron a punto de morir ahogados en el río Bravo.
Kaely migra con su esposo y sus hijos, pero señala que ya no pueden regresar a Honduras porque salieron de allá luego de que en su país mataron a casi toda su familia.
Comparte que vivieron dos años en Chiapas y cuando una hermana de su marido llegó a Chiapas, sufrieron un atentado. “Fue cuando decidimos agarrar el tren para venirnos para acá”.
Sus hijos de 8, 5 y 2 años, así como su marido y ella, ahora se encuentran en un albergue que les abrió sus puertas en la delegación Carranza. Mientras carga a su hija más pequeña, precisa que fueron muchos días sin dormir, su marido y ella se turnaban para mantenerse despiertos para cuidar de sus hijos por temor a que alguien quisiera robárselos o hacerles algo.
Decidieron cruzar el río Bravo, pero el agua los arrastró y uno de sus hijos casi se ahoga y fue salvado por Migración. “Nos querían quitar el niño, pero si lo regresaron para Piedras Negras en Migración”, indica.
Dormir en la calle o en el monte ha sido muy difícil, también vivir en el río Bravo, donde fueron víctimas de asalto.
El niño más grande padece asma, y la más chica también. Por el clima se han visto afectados, se han enfermado.
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