Arte

Publicado el domingo, 23 de mayo del 2021 a las 12:35
Monterrey, NL.- Más allá de su funcionalidad, la arquitectura debe evocar alegría y esperanza, y ser un espacio que se quede grabado en el espíritu, reflexionó el arquitecto japonés Tadao Ando, quien restauró e intervino la antigua Bourse de Commerce (Bolsa de Comercio), en París.
El edificio del siglo 18 es ahora un museo de arte contemporáneo que alberga la colección de François Pinault, que ayer abrió al público. Las entradas para las primeras dos semanas ya están agotadas, además de los siguientes fines de semana.
Al ser un monumento, la Bolsa de Comercio tenía que conservar sus características, señaló acerca de su intervención en el inmueble, en el sitio de la Colección Pinault.
La más importante es la gran cúpula que ilumina el interior del lugar. Justo debajo de ella, el japonés colocó un muro circular de concreto aparente.
“Era imperativo preservar el antiguo edificio y para concebir otro universo, nuestro propio mundo, construirlo en el existente”, expresó.
“Quería una arquitectura nueva, uniendo el pasado y el presente, para crear una perspectiva del futuro que provocara una emoción espacial”.
Ganador del Premio Pritzker 1995, llamado el Nobel de arquitectura, el artífice es conocido por el uso de concreto aparente como el acabado final, cuando normalmente el material queda oculto por otros materiales.
Incluso, ahondó el creador de “La Puerta de la Creación”, edificio de la UDEM que alberga el Centro de Arquitectura, Arte y Diseño, el hormigón se inventó a finales del siglo 19 en París y para el siglo 20 era un material disponible en todo el mundo.
“En la Bolsa de Comercio, me gustaría evocar el futuro en el espacio dibujado por el círculo. En la luz que entra por el techo de cristal, la gente vislumbra esperanza en el muro circular de hormigón”, dijo el arquitecto, quien visitó Monterrey en el 2013.
“Aspiro a crear una arquitectura hospitalaria. Quien se siente acogido por mi arquitectura reconstituye, gracias a ella, su fuerza vital”.
¿Cuáles serían las señales para saber que una construcción cumplió con su cometido?, se le cuestiona en la entrevista.
“La arquitectura debería hacer que la gente se estremezca de alegría”, respondió. “La arquitectura en sí misma no es inmortal, pero hay cosas que permanecen eternamente grabadas en nuestra alma y espíritu”.
“Todos los implicados en la creación, el carpintero, el albañil, el encargado de obra, el arquitecto, incluso la sociedad, deben converger para dar a luz un edificio portador de esperanza, fuente de efervescencia y exaltación. Si no existe esta emoción, es porque no lo han logrado”.
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