Arte
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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 16 de agosto del 2021 a las 03:58
Ciudad de México.- Antonio Sánchez se asume como un “bad hombre”, término que usó Donald Trump para referirse a algunos migrantes que han cruzado de manera ilegal la frontera de Estados Unidos con México, y al que despoja de su carga negativa para apropiárselo y definir a un artista que, por sí solo, es capaz de enriquecer su entorno.
En los jardines del Cenart, el baterista mexicano, cinco veces ganador del Grammy, toma una pausa después de una mañana de trabajo con un puñado de jóvenes músicos elegidos para la primera Residencia Internacional Antonio Sánchez, y en entrevista, reafirma su nueva identidad.
“Quiero que ‘bad hombre’ me identifique de ahora en adelante”, dice.
Como “bad hombre” comandará los proyectos donde él lleva la mano y es la “mente maestra”, desde el extremo opuesto a la connotación despectiva dada por el expresidente estadunidense contra los inmigrantes que buscaba expulsar.
Sánchez lanzará en marzo de 2022 un nuevo disco, en el que una nómina de cantantes en español e inglés le prestaron canciones lo “más desnudas posibles”, nuevas y viejas, incluso sketches, como Trent Reznor, de Nine Inch Nails; Dave Matthews, Meshell Ndegeocello, Ana Tijoux, Lila Downs, Silvana Estrada y Rodrigo y Gabriela, además de su esposa, Thana Alexa.
Aunque el nombre del álbum aún no está decidido, se subtitulará Bad Hombre Vol. 2, en continuidad con el anterior, porque todo cuanto se escuche allí, salvo las voces invitadas, será obra de él. Tocó todos los instrumentos (teclados, bajo, sintetizador, ukulele, mandolina, percusiones) y se atrevió con los coros en varias de las canciones y hasta con un tema.
“
Soy un cantante de regadera, pero en este disco estoy cantando un tema completo. Además, como muchos me mandaron la canción pelona y se me antojaban más voces y no quería volver a pedirles que me grabaran coros, los grabé yo. Espero hacerlo en vivo también y que no me manden de regreso a la regadera”, comparte el baterista.
Lleva dos años y medio trabajando en este álbum, buena parte durante el confinamiento, sin poder tocar ni salir de gira. “Ya estoy harto de tenerlo en mi casa”, dice, riendo, Sánchez, quien ya antes había vertido su rabia contra Trump en el disco Bad Hombre (2017), del que se encargó, además, de la producción y la edición.
Ya para la película Harami, de Shyam Madiraju, desempolvó su guitarra eléctrica, regalo de Pat Metheny, con quien ha tocado desde hace 18 años, y en la banda sonora se le puede escuchar en la mandolina, el bajo, el ukelele y los teclados. Un trabajo que fue un paso importante para mostrar su amplio rango como compositor.
El nuevo álbum significa también el retorno de Sánchez a sus raíces; el baterista no creció pensando en el jazz sino en el rock y el pop. En su juventud, tocó en grupos rockeros.
“
Ahora, después de haber vivido todos estos años bajo la sombrilla del jazz, quería ver cómo podía ayudarme a hacer un híbrido de rock y pop sin que fuera realmente jazz”, dice a propósito de un disco que desea puedan disfrutar por igual un baterista de jazz que uno de rock, o su tía o su abuelo, el actor Ignacio López Tarso.
Sánchez habla con la autoridad de quien, a punto de cumplir 50 años, se encuentra en la cima.
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