Vida
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Grupo Zócalo
Publicado el viernes, 3 de septiembre del 2021 a las 21:31
Ciudad de México.- A nada de cumplirse dos décadas del ataque terrorista que derrumbó las torres gemelas de Nueva York, la forma de vida, a raíz de este hecho trágico que cobró la vida de 2.996 personas, cambió, y no únicamente para Estados Unidos, sino también a nivel internacional y, sobre todo, la percepción del Talibán.
A lo largo de los últimos 20 años el conjunto de 4 ataques terroristas suicidas orquestados por el cabeza de Al Qaeda, Osama Bin Laden, en territorio estadounidense desencadenaron una serie de hechos cada vez más fatídicos.
A partir del 11S el terrorismo mundial se desató. De este se desprende la invasión a Irak, la guerra de Afganistán, las violaciones de derechos humanos de Guantánamo, el Estado Islámico y, por su puesto, la vigilancia masiva con el miedo latente de que otro de estos ataques se volviera a producir.
Es precisamente esta sensación de miedo constante lo que ha llevado a algunas naciones y, sobre todo, a sus pobladores a mirar con malos ojos a los musulmanes. La discriminación y exclusión que han sufrido los creyentes de “Alá” ha sido especialmente prolífica en aquellos países europeos a los que muchos de ellos han migrado.
El ambiente de terror contra la cultura musulmana se encauzó en España, en especial en Madrid, tras que, en tanto que el gobierno norteamericano se encontraban enfocado en una guerra sin fin, el país europeo recibía una serie de atentados. El primero y, posiblemente el más recordado fue el acontecido en la estación de Atocha el 11 de marzo de 2004, en el cual fallecieron 192 personas.
Tras este, los ataques tácticos por el resto de países europeos no se hicieron esperar. Londres, Inglaterra; París, Francia; y Bruselas, Bélgica, en 2005, 2015 y 2016, respectivamente, dejaron más de 150 muertos. Estos se suman a las decenas que se produjeron a raíz del 11S.
Por su parte, del otro lado del Océano Atlántico, el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, rápidamente impulsó la respuesta estadounidense contra los atentados, la cual fue llamada “War on Terror“, mediante la que se comprometió con los norteamericanos a exterminar al Qaeda y Biden Laden e, incluso, con todos los grupos terroristas mundiales.
A esta primera maniobra le siguió la guerra contra Afganistán, llevando por nombre “Operación Libertad Duradera“, ya que el gobierno del país de Asía del Sur se había negado a entregar a Bin Laden.
Ante la persistente negativa, comenzaría en Estados Unidos un período similar a la cacería de brujas. Bush firmó la controversial ley “Patrior Act“, aún vigente, que autorizaba al gobierno norteamericano a coartar las libertades elementales de los ciudadanos, pues este podría intervenir los teléfonos cuando quisiera y entrar a las casas de sospechosos de terrorismo sin ningún aviso.
La Patrior Act dio origen a los presos de Guantánamo, pues los elementos federales podían encarcelar a cualquier persona que fuera sospechosa de actos de terrorismo o de asociación con dichos grupos.
Posteriormente, las tropas estadounidenses declararon la guerra a Irak, gobernada por Sadam Husein, pues lo acusaba de colaborar con Al Qaeda, así como de poseer “armas de destrucción masiva”. Lo anterior no fue más que una treta y excusa de parte de la nación norteamericana para comenzar y, seguir, la guerra.
En el 2013, el ex agente de la CIA, Edward Snowden, hizo de conocimiento público que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos espiaba, de forma sistemática, a todo el planeta entero; incluidos jefes de Estado.
El gobierno de USA tenía acceso desde los correos electrónicos a las llamadas telefónicas, pasando por los datos recogidos por el buscador Google y redes sociales como Twitter y Facebook.
A casi 20 años del comienzo de la guerra que parecía no tener fin, esta semana el último avión con militares de Estados Unidos abandonó el suelo afgano entre disparos y fuegos artificiales lanzados por los talibanes en celebración, luego de que hace unas semanas hayan tomado el poder de todo Afganistán.
La toma del poder de parte del Talibán se da casi dos décadas después de que fueran supuestamente expulsados por Estados Unidos y a poco más de 10 años de que el expresidente Barack Obama informara, victorioso, que habían acabado, el 2 de mayo de 2011, con Bin Laden.
Toda esta serie de hechos trágicos derivados de otro hecho trágico demuestran que la violencia no se puede combatir con violencia, pues esta, además de cobrar la vida de las personas que son impactadas con proyectiles o armas de fuego, suponen daños colaterales que acaban con la existencia de todos los involucrados, como los 343 bomberos y policías que fallecieron el 11 de septiembre de 2001 aplastados por la primera torre cuando se encontraban en sus labores de auxilio.
Además, no se debe de olvidar que, a hubo otros casi 3 mil elementos de rescate que, días después, murieron a consecuencia de la inhalación de humo tóxico. Eso sin contar las más de 10 mil personas que contrajeron diferentes tipos de cáncer, incluidas a las más de 25 mil personas que sufrieron lesiones.
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