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Todo está choteado

Por JC Mena Suárez

Hace 4 años

Hay procesos en la economía que tienen que ver con el desarrollo de los talentos humanos. Uno de ellos es el aprendizaje y el otro se deriva de lo que se aprendió y lo existente para mejorarlo: se llama innovación.

El aprendizaje elemental es por imitación: lo que vemos, hacemos, desconociendo al inicio si lo que se imita es favorable o desfavorable, nos gustó, vimos que funcionaba; observamos cada característica de lo que deseamos imitar y lo replicamos.

Al hacer la casi perfecta imitación solemos pensar que nos va a salir igual y nos va a ir igual que al negocio o persona que imitamos, porque nuestra réplica se trata de personas o negocios que se convierten en un modelo a seguir por lo exitosos que son.

Sin embargo, no es así, porque hay características del negocio que desconocemos y elementos tan vitales como la pasión por lo que se hace, que conducen a quien lo efectúa a tener resultados diferentes.

Estas personas o empresas generan modelos a seguir y pensamos que replicar bastará, pero no es así, es necesario que lo que ya existe sea mejorado, tengan nuevas cualidades, no basta hacer lo mismo, quizá con la misma calidad, sino mejorar, sustancialmente, lo ya realizado.

Al estar en este punto es el momento de cambiar las cosas introduciendo novedades, esto significa innovar, que es mejorar lo que existe, aportando nuevas opciones que suplan las necesidades de los consumidores, o incluso crear productos con el fin de que tengan éxito en el mercado.

Y es a través del conocimiento de los productos, del mercado, del aporte de valor de la empresa, de las necesidades de los consumidores, que se pueden establecer una serie de cambios y criterios para innovar y que sean útiles en el mercado.

De estos pasos viene la reflexión de que hay muchos comerciantes que imitan a otros que tienen éxito, hacen exactamente lo mismo, como el caso de las tortillas de harina, hay miles y hasta el momento casi ninguna se distingue.

En el caso de las taquerías, igual se ponen hasta en la misma calle, todas tienen su clientela, pero hay una o dos que tienen una mayor preferencia porque ofrecen algo diferente, muy bueno y de agrado del consumidor.

Panaderías hay muchas, todas hacen los mismos productos, pero algunas lograron distinguirse y tener un renombre aquí en Saltillo como La Crema, Radio, La Española, cada una con características propias en sus panes y en algunos casos propuestas diferentes de otros negocios que les ganó la preferencia.

Y es ahí que cuando un negocio tiene éxito, muchos buscan tener el mismo auge o celebridad, pero lo que realmente hacen estos negocios es chotear todo. En el caso de las panaderías, hay hasta quienes lo venden en las calles.

Lo que debería hacerse es tomar como base lo que hay y hacer algo diferente, algo mejor.

En la calzada Madero hubo cinco farmacias en el mismo tramo, actualmente sobreviven tres; hay otros que agarran el puro nombre para explotarlo, aunque el producto no sea el mismo.

En el caso de las tortillas yo veo una tortilla de nixtamal, hecha a mano con metate. Esa sería una muy buena tortilla, pero tendríamos que ver si la economía lo permite, pues al ser un producto artesanal, es más caro.

En el mismo caso de las tortillas, algunos innovaron, con tortillas para taco, tortillas grandes y chicas o incluso horneadas o doradas, para enchiladas, para sopes, etcétera.

Es como el caso del pintor, que le dicen “vas a hacer esto” pero él tiene que ver cómo hacerlo lo mejor posible.

Se trata entonces de innovar y ser tan atrevido y valiente que se propongan algo absolutamente disruptivo en el ambiente, trabajo o negocio.

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