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Coahuila

Réquiem para un auténtico líder

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 4 años

Casiano Campos Aguilar recorría las calles de Saltillo a bordo de un Moscovich, vehículo importado desde Moscú, pues se negaba a utilizar cualquier cosa que pudiera relacionarlo o que beneficiara al “imperio norteamericano”. Traer ese automóvil a México fue una proeza de proporciones increíbles.

En la esquina de Acuña y Victoria, Casiano instaló una distribuidora de automóviles rusos, que desde luego, bajo las presiones oficiales, no tuvo éxito.

Respiraba y transpiraba el sueño comunista y actuaba en consecuencia, y fue por esa causa que estuvo recluido en la famosa cárcel de  Lecumberri en la Ciudad de México y en otras de Coahuila, solo por tener esas ideas tan arraigadas, no había otro delito. Algunos eran expulsados de su patria o su ambiente, especialmente por causas políticas. Otros enviados a las islas Marías, penal del Pacífico mexicano, destinado a los peores delincuentes y a quienes estaban en contra del Gobierno federal en turno.

Campos Aguilar fue un liberal coahuilense a toda prueba, para él no había medias tintas, en 1950 fue invitado como asesor de aquellos 4 mil mineros de Nueva Rosita, Coahuila, que llevaron a cabo la famosa Caravana de Hambre, hasta la Ciudad de México, para protestar por la política antiobrerista del entonces presidente Miguel Alemán Valdés. En aquel entonces se acostumbraba, con esquiroles, a romper las huelgas, a hacerlas ilegales a fuerza de la bayoneta de los soldados.

Con uno o varios libros siempre en la mano, con su barba al estilo Trotsky o Lenin, fue un personaje  característico de Saltillo y de Coahuila con repercusiones nacionales.

Campos Aguilar casó con doña María del Refugio López y criaron a Leticia, Yolanda y Enrique. Don Casiano y doña Refugio dejan una notable descendencia en Saltillo.

Nació en Viesca, Coahuila, en 1901; estudió en la Escuela Normal del Estado.

Fue diputado local e inició su lucha obrera al organizar a los trabajadores junto a Federico Berrueto Ramón. Encarcelado por seguir sus ideales en esta batalla y más tarde se adhirió al Partido Comunista Mexicano, donde entabló amistad con Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo y Vicente Lombardo Toledano.

Además fue subdirector de la Escuela Hijos de España y catedrático de la Escuela Superior de Agricultura, la “Antonio Narro”.

Vivía entre sus libros, y pernoctaba y comía entre horas en lo que de hogar aún quedaba de aquella espaciosa construcción antigua en el segundo piso de un céntrico comercio por la calle Manuel Acuña.

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