Casiano Campos Aguilar recorría las calles de Saltillo a bordo de un Moscovich, vehículo importado desde Moscú, pues se negaba a utilizar cualquier cosa que pudiera relacionarlo o que beneficiara al “imperio norteamericano”. Traer ese automóvil a México fue una proeza de proporciones increíbles.
En la esquina de Acuña y Victoria, Casiano instaló una distribuidora de automóviles rusos, que desde luego, bajo las presiones oficiales, no tuvo éxito.
Respiraba y transpiraba el sueño comunista y actuaba en consecuencia, y fue por esa causa que estuvo recluido en la famosa cárcel de Lecumberri en la Ciudad de México y en otras de Coahuila, solo por tener esas ideas tan arraigadas, no había otro delito. Algunos eran expulsados de su patria o su ambiente, especialmente por causas políticas. Otros enviados a las islas Marías, penal del Pacífico mexicano, destinado a los peores delincuentes y a quienes estaban en contra del Gobierno federal en turno.
Campos Aguilar fue un liberal coahuilense a toda prueba, para él no había medias tintas, en 1950 fue invitado como asesor de aquellos 4 mil mineros de Nueva Rosita, Coahuila, que llevaron a cabo la famosa Caravana de Hambre, hasta la Ciudad de México, para protestar por la política antiobrerista del entonces presidente Miguel Alemán Valdés. En aquel entonces se acostumbraba, con esquiroles, a romper las huelgas, a hacerlas ilegales a fuerza de la bayoneta de los soldados.
Con uno o varios libros siempre en la mano, con su barba al estilo Trotsky o Lenin, fue un personaje característico de Saltillo y de Coahuila con repercusiones nacionales.
Campos Aguilar casó con doña María del Refugio López y criaron a Leticia, Yolanda y Enrique. Don Casiano y doña Refugio dejan una notable descendencia en Saltillo.
Nació en Viesca, Coahuila, en 1901; estudió en la Escuela Normal del Estado.
Fue diputado local e inició su lucha obrera al organizar a los trabajadores junto a Federico Berrueto Ramón. Encarcelado por seguir sus ideales en esta batalla y más tarde se adhirió al Partido Comunista Mexicano, donde entabló amistad con Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo y Vicente Lombardo Toledano.
Además fue subdirector de la Escuela Hijos de España y catedrático de la Escuela Superior de Agricultura, la “Antonio Narro”.
Vivía entre sus libros, y pernoctaba y comía entre horas en lo que de hogar aún quedaba de aquella espaciosa construcción antigua en el segundo piso de un céntrico comercio por la calle Manuel Acuña.
Más sobre esta sección Más en Coahuila