Una improvisada taquilla es instalada en la puerta principal, para checar boletos y reservado de mesas.
La entrada de los bailadores se confunde con la salida de los eternos jugadores de dominó en el vestíbulo de la mutualista. Uno a uno va saliendo.
Llega una pareja, clásica de la barriada, él un tipo alto y delgado acompañado por una gorda. Él ataviado con modesto traje color café, camisa amarilla y corbata color verde de rayitas. Ella con un blusón parecido a un pijama, huaraches livianos de plástico y un chongo con un moño azul. Le sigue un anciano ataviado estilo los pachucos de los años 50, con pantalón bombacho, sombrero de ala grande con una pluma de ave sobre la copa. Le acompaña una chica joven, vestida modestamente.
En el desfile de bailadores aparece un casi niño de unos 14 años, acompañado de su abuelita. En otro grupo ingresa una dama guapa, muy maquillada, ojos y labios con pintura de más y un lunar sobre la mejilla izquierda, porta una blusa de holán que deja ver parte de su anatomía y una falda de igual color negra hasta los tobillos. Le acompaña un anciano de bigote y pelo cano, de traje café y zapatos de charol color negro.
En el patio español de la mutualista actúa la Sonora Santanera. Y en el gimnasio la orquesta Casino de Julio Arce Díaz.
Algunos bailadores vestidos elegantemente y otros así como salieron del trabajo. Bailan unos como si fuera polka, otros sin ton ni son o de plano arrastran los pies. El hombre y la gorda del pijama se desplazan sonrientes por toda la pista. Otros hacen algunas contorsiones. Algunos muy juntos, sobre todo al son de Perfume de Gardenias. El viejo del sombrerón (¡ese sí la mueve!) y su pareja, y el chamaquito con su abuelita se llevan la noche, pues bailan magistralmente ¡como de concurso!
Cómo cambiaron las cosas, las vueltas que da la vida. El edificio centenario de la Sociedad Manuel Acuña desapareció, como desaparecieron sus suntuosos bailes de auténtica gala, donde era obligatorio el hombre de traje y corbata y la dama de vestido de noche o los tradicionales bailes rancheros. ¡Cómo han pasado los años!
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