Muy lejos está aquel día, el primer día que un grupo de mexicanos se estrenaban como diputados. ¿Lo recuerdan? En su mayoría se trataba de personas que ni fueron designados para ocupar una posición en el Congreso, aunque ni siquiera tuvieran conocimiento de lo que significa ser diputado o senador.
Recuerdo que, a cierta hora del día, muy sentaditos en su curul, sacaron el lonche que llevaban desde casa para ser degustado en el momento que les “apretara” el hambre.
Según Martí Batres y otros más, lo hacían porque eran “diferentes” a los que se fueron que gastaban mucho en restaurantes de lujo. Las diversas explicaciones que se escucharon, tratando de justificar su proceder por demás injustificable.
¡Vaya ridículo que hicieron! Convirtieron el Recinto oficial, donde se tratan o se supone se deben tratar asuntos de importancia para la vida institucional del país, en una especie de fonda.
Una verdadera falta de respeto al Congreso y una burla al pueblo que votó por ellos. Mostraron el cobre de inmediato, además de su sobrada ignorancia, la cual no desaparece, por el contrario, se incrementa.
En primer lugar, en las dependencias hay, por lo menos, un espacio para que los empleados tomen café o alimentos cuando se requiera o deseen; haciendo uso de su tiempo de descanso. Otras oficinas cuentan con cafetería o restaurant como es el caso del Congreso, Senado y otras más.
Se entiende que cuando sesionan o trabajan hasta muy tarde, tienen que tomar alimentos ¿cuál es el problema?
El problema está en los abusos, en pasar cuentas con cargo a una partida que ellos mismos autorizaban y de seguro siguen autorizando los que son “diferentes”
Llegaron a ocupar sus cargos con lo que ha sido una consigna: exhibir a los que se fueron e insultar por medio de calificativos denigrantes a los ciudadanos, sobre todo a la clase media.
Cuando abrieron las puertas de Bellas Artes para recibir y rendirle homenaje a un líder religioso, individuo que quizás aportó mucho al movimiento político para que llegara al poder, porque de otra manera no se entiende la relación estrecha con un individuo que fue exhibido por un comportamiento nada honesto ni decente. Individuo que fue aprehendido y encarcelado en Estados Unidos.
Ese día, llegó la nueva clase política a Bellas Artes, vestidos de “fifis”. ¡Quién lo dijera! Lo que tanto dicen odiar, despreciar y se atreven a critican, ahí estaban tratando de aparentar lo que no son.
Y no me refiero a una posición económica, sino a su educación, a su cultura. El asistir a un recinto cultural no hace a nadie, culto. Tampoco el ocupar un cargo sin conocimientos, lo hace experto.
Resulta deprimente, vergonzoso y lamentable ver espectáculos como el ofrecido recientemente en la Cámara de Diputados. Pancartas, gritos utilizando un lenguaje por demás soez. No fueron solo hombres, sino también mujeres quienes participaron en una confrontación tras la aprobación del Presupuesto para el 2022.
No me asustan ni me molestan las malas palabras, ni que se expongan las diferencias entre representantes de los diversos partidos, me indigna el nivel vulgar y corriente a donde han llevado las instituciones quienes se ostentan como “diferentes”.
Diferentes, tal vez porque no saben debatir, ni leer para interpretar; solo obedecen órdenes del presidente, su jefe y a quien ellos creen le deben su chamba. Tenían que sacar adelante el presupuesto sin mover una coma, tal y como lo ordenó quien se considera dueño de la verdad, dueño del país. Y lo hicieron.
Recién tomó posesión, el presidente bajó sueldos a funcionarios empezando por el suyo. Sin embargo, ¿cuánto paga de luz? ¿cuánto de servicio en casa, choferes, escoltas, alimentos y mucho más? NADA. Al igual que los que se fueron. Su sueldo se lo lleva íntegro porque así ha sido, así es y seguirá siendo.
¿Dónde está la diferencia? En el engaño, para que vean que al bajarse el sueldo lo hace para solidarizarse con el pueblo.
¿Quién les cree? Solo los ingenuos o los lambiscones que nunca faltan.
Viene a mi memoria algo que sucedió en plena pandemia. Una funcionaria del estado de Guerrero, presentaba malestares y creyeron que era Covid. Fue trasladada a la CDMX en un helicóptero de la Sedena al hospital Militar. La mujer no tenía Covid y fue dada de alta.
¿Se creyó especial por tener un cargo de representación? ¿Se sentiría “fifi” con tantas atenciones? ¿Qué hay de las personas que esperaban ser atendidas fuera y dentro de los hospitales? ¿Dónde quedó la austeridad republicana que tanto pregonan?
Y como diría el clásico “aún hay más”, por lo que queda la duda de si hay austeridad o es pura hipocresía.
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