“El mejor mensaje de Navidad es el que sale del silencio de nuestros corazones y calienta con ternura los corazones de los que nos acompañan en nuestro viaje por la vida.”
Hamilton Wright Mabie decía que, bendito es el tiempo en que todo el mundo se dedica a una conspiración de amor. Y es que esta navidad no podemos llegar indiferentes ni siendo los mismos al pesebre. Hemos de llegar con un corazón agradecido, dispuesto, reflexivo y compasivo.
Es natural que esta navidad nos encuentre entre momentos que nos abren la herida, de la cuál nos afloran lágrimas, nostalgias y emociones complejas y más aún con lo difícil que ha sido este año para todos. Pero hagamos consciente que el mayor peligro de ésta época es dejarnos abrazar por la desesperanza, y estacionarnos en la tristeza. No permitamos que el mundo, hoy tan lleno de dolor, de conflictos económicos, políticos y de todo tipo, nos robe la posibilidad de adueñarnos de ese inmenso regalo que Dios nos da: la Sagrada familia.
Si hemos logrado vivir una apertura en el corazón, hemos logrado que Jesús entre a nuestro corazón y lo hemos verdaderamente arropado. ¿De qué serviría estar arreglados y listos para la foto, la comida deliciosa, los regalos listos, pero huecos por dentro, como lo son las esferas que compramos para decorar.
En este año de pandemia, hoy más que nunca la vida nos ha enseñado que: De qué nos sirve una casa llena de decoración navideña, llena de regalos y llena de eventos… si no podemos abrazar y estar cerca de quién más queremos, si no tenemos salud, o estamos lejos de nuestros seres queridos. De qué nos sirve hacer las cosas “perfectas”, si no hay una mirada de afecto, de compasión, de perdón, de inclusión, de fraternidad hacia nuestros semejantes, nuestros familiares, los que tenemos cerca, los desconocidos, los que hoy se cruzan en nuestra vida.
Que cierta la frase de Janice Maeditere… “La Navidad no se trata de abrir regalos, se trata de abrir nuestro corazón.” ¿Quieres vivir realmente la Navidad? Métete al nacimiento, contempla el Belén tú siendo parte de él. Visualízate a un lado del pastor y decídete a querer renovar todo lo que pasa en ti, renovando de nuestra piel para adentro. Eso es lo que sí podemos renovar, y cada año el Belén nos regala como oportunidad. Eso es lo que si está en nuestras manos: abrir nuestro corazón.
¿Quieres ser parte de él? Comienza limpiando esa mirada, esa que se nos va ensuciando, empañando con los años y las heridas. Visualiza al bebé y medita como todos nacemos como un bebé: Indefenso, necesitado de nuestros padres y de su amor para sobrevivir.
Fulton Sheen, arzobispo de Estados Unidos, decía que él comprendió porqué Dios quiso nacer bebé: Porque nadie puede amar algo que no pueda rodearlo con sus brazos. Los brazos son una extensión del corazón. Sólo aquello que somos capaces de abrazar, somos capaces de amar. Como seres humanos tenemos la necesidad de abrazar para expresar nuestro afecto. Tal vez hoy no puedes abrazar a todos los que amas, pero sí puedes abrazar a este bebé que tanto anhela ser abrazado. Cárgalo y regálale tu amor. Deja de fijarte en el aspecto físico de tu nacimiento. Lo importante es tocar al Niño Jesús de tu nacimiento, cargarlo, y dejar que tus hijos también se acerquen. Acércate al nacimiento, acércate al pesebre, disponte a estar ahí para que José y María te permitan cargar a su hijo. Y observa cómo al igual que tú, José y María están dentro de un misterio que todavía no pueden comprender, cómo tal vez tú estás hoy en tu propia vida.
Mira el nacimiento e identifícate: ¿Qué tienes que ofrecer?
¿Qué acto de amor, de perdón, de dolor o situación tienes para entregarle?
Esta Navidad decide ser un verdadero Belén acogedor, lleno de amor, de un corazón limpio y puro dispuesto a dar y no buscando recibir. Purifica tu corazón y déjate transformar por este milagro de amor. Dile con el corazón frente al pesebre, “Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío, despójame de mi mismo para darme todo a Ti.” (Torras)
María José César @marijosecesar
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