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Dato sombrío

Por Columnista Invitado

Hace 4 años

Por: Manuel J. Jáuregui

Datos recientes del Inegi indican que para las Mipymes la “transformación” equivale a “desaparición”.

La estadística resulta sombría: México perdió, de mayo del 2019 a julio del 2021, casi TRESCIENTOS NOVENTA Y SIETE MIL empleos netos. Hay, sin embargo, otra cifra igual de impactante: de cada CIEN mexicanos que en el 2019 contaban con empleo, VEINTISIETE lo perdieron -y quedaron desempleados- para el 2021.

Sí, por supuesto, la “culpa” de tan negativa estadística es la pandemia. Sin embargo, nunca sabremos qué tantos de estos negocios y qué tantos empleos se pudieron haber salvado de haber adoptado el Gobierno federal una estrategia de APOYO para MITIGAR en México los efectos de la pandemia.

Cuando el mundo entero entró en cierre, el Consejo Coordinador Empresarial (la cúpula de cúpulas empresariales) le propuso al Gobierno un plan de apoyo a las Pymes. La respuesta de éste fue que no, que no habría en México “otro Fobaproa”, en referencia al rescate bancario en el sexenio del presidente Zedillo.

Por supuesto que lo planteado por el CCE no era ni remotamente “otro Fobaproa”, sino un plan parecido al adoptado por EU para salvar su planta de empleo, ayudando a que sobrevivieran las empresas con medidas de emergencia -de excepción-, como apoyar el pago de nómina, reducir impuestos y diferir su pago, entre otras muchas cosas, incluyendo recibir del Gobierno estímulos económicos directos.

En México, nuestro Gobierno decidió guardarse los salvavidas y no ayudar a las pequeñas y medianas empresas.

Las estadísticas quedan registradas, pero lo que nunca sabremos es cuánto se pudo haber disminuido el daño, de haber intervenido el Gobierno mexicano.

Queda sobreentendido que preservar la planta de empleo -y crecerla- es uno de los imperativos más importantes de cualquier Gobierno; crear un entorno que permita a los ciudadanos acceso a un sueldo digno es una de las principales responsabilidades de nuestros gobernantes. Y esto no se podrá lograr si en lugar de generar un entorno amigable a la actividad empresarial se opta por obstaculizar, frenar y desincentivar la creación de empleos.

Las cifras muestran que la actual Administración -con los recursos de todos los mexicanos- escogió privilegiar la ayuda a los monopolios gubernamentales y concentrar recursos en áreas relacionadas con el proyecto ideológico del Presidente en turno. No hubo nada para las Pymes, pero todo hubo para el Tren Maya, Dos Bocas, Deer Park y el aeropuertito en la base aérea de Santa Lucía.

Curioso Gobierno es uno en el que con el dinero del pueblo se ayuda económicamente a países como Perú, Bolivia y Cuba, pero para los ciudadanos mexicanos a punto de perder su empleo “no hay, no hay”.

Paradójicamente, la única buena nueva para México en este terrible episodio global de la pandemia es que se ha beneficiado del crecimiento y vigor de la economía norteamericana. Acabó resultando que la ayuda para México -parcial, pero ayuda al fin- vino del extranjero, del “boom” norteamericano postpandémico. En esto sí hay certeza: de no ser por el “jalón” que le ha dado a la economía mexicana la del vecino al norte del Bravo, sin duda los efectos en México de la pandemia hubiesen sido aun peores.

Pero esto no “gracias a” nuestro propio Gobierno, sino “a pesar de él”.

Según datos del INEGI, uno de los estados más afectados por los cierres pandémicos es Quintana Roo, que por la hermosura de sus playas es un imán para el turismo. En este estado, 46.59% de sus establecimientos cerró de manera PERMANENTE por la pandemia. Al implementarse restricciones a los viajes, se veía venir; no obstante, el Gobierno mexicano no hizo esfuerzos por salvar los empleos que se pierden al cerrar casi la mitad de sus negocios.

Estos cierres causaron en todo el país destrucción de capital, desaparición de ahorros y disminución de riqueza en millones de familias, por lo que la REACTIVACIÓN económica se complica, ya que los recursos requeridos para reabrir negocios o retomar actividades empresariales se agotaron.

De ahí que aún no se recuperen cerca de 400 mil empresas perdidas. Que recuperen la vida perdida estas fuentes de trabajo, y que se CREEN UN MILLÓN más que hacen falta, bien valdrían un renglón adicional en la carta navideña a Santa Claus por parte de los mexicanos.

 

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