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Coahuila

Primera, segunda y tercera

Por Wendoly Villarreal Villarreal

Hace 4 años

Esa indescriptible sensación que produce llegar a tu terruño, a la hora que vas por carretera y empiezas a vislumbrar la entrada de la ciudad de dónde eres oriundo, no la cambio por nada.

En mi caso entrar a Zaragoza, Coahuila; me genera todas esas emociones, cuando ingresas en dirección de sur a norte, puedes ver unas preciosas nogaleras y palmas que adornan el centro de las dos vías que entran y salen de mi amada ciudad; pero, un detalle que no muchos saben, es que cuando llegas a Zaragoza, proveniente del norte con dirección al sur, pasando el letrero con el nombre de la ciudad, a lado derecho de la plaza Zaragoza, se encuentra el vallado, un lugar que permite apreciar la tranquilidad y un horizonte difuso, sin embargo, puede ser que sin saberlo, estés pasando por un lado de una camioneta Ford 100 color predominantemente verde ya traqueteada por los años, pero que no se raja porque desde que tengo uso de razón anda rodando por las calles de Zaragoza.

Ahí, en medio del vallado, sentado dentro de su Ford 100, se encuentra Fito Galindo, observando ese horizonte difuso, cavilando su nueva creación; aunque siempre ha dicho que la inspiración es algo que él no encuentra, lo cierto es que siempre escribe sobre lo que llama su atención, así fue que creó la canción que más me gusta de su autoría, “Un Golpe más”.

La última vez tuve oportunidad de hablar con el hombre, me armé de valor y le pregunté, ¿Señor Fito, que significa esa canción realmente? ¿Apoco si le rompieron el corazón?, entre una riza muda, el gran compositor zaragocense me contestó: -No es lo que tú te imaginas, estaba yo arreglando una trilladora, y me había llenado la mano de heridas, que pensé, ya no queda donde dar un golpe más, esa idea llevó a la otra, que terminó en una canción que ganó un Grammy.

Adolfo Humberto Galindo Galindo, mejor conocido como Fito Galindo, es un compositor de talla internacional, que vive en el lugar que lo vio nacer, Zaragoza, Coahuila, y siempre ha sido un hombre que trabaja creando, un día está componiendo máquinas o mejor dicho inventándolas y otro está creando un poema o una canción.

A compuesto tantas canciones, que cuando revisé el sitio web de la Asociación de Autores y Compositores de México, habían enlistadas más de doscientas letras compuestas por Fito, así como una reseña de su carrera, con el plus de que, era información actualizada en 2010, lo que significa que aún no está contabilizada su obra de la última década.

Sobre sus poemas, hay varios libros, que de igual forma llevan su sello particular impreso, pero es en las letras de sus canciones en donde encuentro su mayor legado; son muchos los artistas que han interpretado sus canciones y las han convertido en éxitos, como Vicente Fernández, Bronco, Los Cardenales de Nuevo León, Ramón Ayala, el Grupo Pesado y María Dolores Pradera, entre muchos otros.

Canciones tan conocidas como, Se vende un caballo, La última muñeca, Cerré las puertas de mi alma, Voy a tumbar la casita, Pablo del monte, Compré una cantina, Préstame esta noche, la cual fue popularizada por el Grupo Límite.

Pablo del monte, por su parte es un corrido, que te llega hasta lo más profundo de tu ser, aunque a primera vista está ambientada en la época de la Revolución, cuando menos te lo esperas, da un giro de ciento ochenta grados para darte cuenta que esta cantada en una realidad actual, y puede que hasta tú seas ese Pablo del monte.

En lo personal, cualquier grito levantado en contra de la injusticia y la opresión es remarcable, por ello considero a ese corrido como una de las piezas de la canción mexicana dignas de reconocerse y que valen la pena escuchar.

Una canción de Fito Galindo, que mi padre me enseñó de niña, por que desde hacía años que mi padre sostenía una entrañable amistad con Fito como él le decía; una que había ya olvidado por el paso del tiempo, aquella canción titulada: Primera, segunda y tercera, que papá siempre ponía para escuchar el casette de María Dolores Pradera, la recordé de golpe el día que fuimos mi madre, mi hermana y yo a visitar la tumba de mi abuelo y de mi padre al panteón, cuando avanzábamos entre las tumbas del cementerio, mamá volteó y dijo: – Como dice Fito, hasta aquí estamos divididos en primera, segunda y tercera.

Ahora que soy mayor, la niña recordó la canción que ponía mi padre en el estéreo, ahora tengo la conciencia para entender la profundidad de una canción de pocas estrofas, pero llenas de melancolía y de mucha verdad; así que cada que entro a la ciudad, veo la camioneta del señor Fito Galindo y me pregunto ¿Qué nuevas verdades estará escribiendo? …

En memoria al hombre, de quien sé, dejó mucho trabajo inédito, pues nunca dejó de componer hasta el final de sus días. Que en paz descanse en su última morada el gran Poeta.

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