Pues vaya golpiza que nos está propinando el Covid, supuestamente en su variante Ómicron, que prende todos los focos de alarma entre las autoridades que no atinan a implementar estrategias viables y sólidas para frenar esta cuarta oleada de contagios.
Coahuila vuelve al semáforo epidemiológico amarillo, se pospone el regreso a las aulas hasta el lunes 17 -como fecha presuntamente definitiva-, mientras se dispara el número de contagios oficialmente registrados hasta alcanzar cifras históricas. Nunca, en los dos años que llevamos de pandemia, se habían registrado en solo 24 horas casi mil 100 contagios, como sucedió el sábado, lo que da cuenta de la intensidad con que pega esta cuarta oleada.
Ómicron es ciertamente más benigno que otras mutaciones del SARS-CoV-2, pero su peligrosidad radica en su extraordinaria capacidad de propagación y la posibilidad, por número, por universo afectado, que dañe severamente a algunas de sus víctimas. Con Ómicron no es tanto lo duro, sino lo tupido.
Y se preguntará la razón de fondo por la que no se han logrado implementar estrategias eficientes para controlar o frenar la ola de contagios, y la respuesta es simple, por ese factor que alimenta al virus y que no es otro que los ciudadanos.
Sí, esta cuarta oleada es resultado de los excesos y omisiones en que masivamente incurren los ciudadanos, por ejemplo, durante las fiestas decembrinas, y ante esto, poco se puede hacer.
El problema y la solución radican en los ciudadanos y su voluntad para cuidarse, para mantener rigurosamente los protocolos sanitarios, y mientras esto no suceda en forma masiva y cotidiana, pues seguiremos justo como hoy, con el virus desatado.
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