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Grupo Zócalo
Publicado el martes, 22 de marzo del 2022 a las 04:01
Ciudad de México.- Paolo Sorrentino está feliz de estar en la carrera hacia su segundo Oscar (el primero lo ganó con La Gran Belleza en 2014).
Esta vez, lo hace con Fue la Mano de Dios, un filme distinto a lo que le había caracterizado a sus cintas, pues se aleja del surrealismo y los personajes excéntricos para contar una historia más íntima y dolorosa: la de su propia vida, truncada por la trágica muerte de sus padres cuando él tenía 16 años.
“ Sin la tragedia en mi vida, hubiera tenido que obedecer las reglas establecidas para mí. Pero después de la pérdida que tuve me encontré solo y con ganas de vengarme de lo que me había pasado, y con el cine encontré esa revancha”.
Sorrentino llevaba más de una década queriendo hacer este filme, pero no estaba seguro si podría ser interesante. Sin embargo, Roma, de Alfonso Cuarón, lo hizo sentir que tenía permiso para llevar su propia historia a la pantalla.
“ Roma tiene un balance perfecto entre la vida de Cuarón y las cosas que tienen un gran interés en la audiencia. Es una cinta mexicana capaz de conectar con todas las personas. Fue el gran estímulo para querer hacer mi película”, explicó el realizador, que con esta historia buscaba una catarsis.
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