Arte

Publicado el sábado, 7 de mayo del 2022 a las 04:33
Saltillo, Coah.- Picuy Soto se distiende en varias disciplinas: rapero, actor, y ahora performer y pintor. Un cúmulo de intereses que han tomado la galería Alicia María García Narro en el interior del Centro Cultural Casa Besana. En un trabajo que llena de rayas y manchas oscuras los lienzos blancos, pero también que interviene hojas y, como apunta Soto, permiten la reunión de cosas “que vibran igual”.
Esto se encuentra más que nada en el aspecto de las palabras. Herramientas que utiliza para sus canciones de rap, y que comenzó a unir por su pesadez o liviandad. Oraciones que juegan con las pinturas. La mayoría de ellas rostros, pero también calles, edificios y puentes. Miradas oblicuas de los puntos cotidianos y de las caminatas por una ciudad que se ha vuelto costumbre, pero también una forma de confrontar a las novedades: la llegada de la pandemia, el fin de esta y la muerte que dejó a su paso.
Según comentó Soto a Zócalo, todo “empezó como una experimentación, porque realmente comencé a pintar cuando fue pandemia y mi madre falleció. Por eso busqué nuevas formas de expresión más allá del rap, fue ahí cuando me di cuenta de que las palabras tienen otro sentido más que ortográfico y gramatical, porque tienen una figura y una forma, y sus propios sonidos, son frecuencias. Me puse a buscar palabras que iban en la misma frecuencia con lo que pinto, y descubrió la blackou poetry que inició poco antes de los 60”.
Esta tendencia literaria es tomar una hoja de un libro, periódico o cualquier escrito y, a partir de una serie de marcados, eliminar oraciones completas dejando palabras clave que al ser leídas conforman una pieza.
El blackout poetry es una correspondencia directa con sus dibujos, pues estos solo tienen dos colores, pero invaden el espacio ajeno, especialmente porque el autor inició su interés pictórico en el grafiti. Esa necesidad de exploración pública, de conquista de lo privado, es la que se ve en La Besana.
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Cuando llegué a la galería mi intención era rayar todas las paredes, porque yo vengo del grafiti, pero me dijeron ‘te damos el espacio, pero no puedes rayar ni las paredes ni el piso’, lo cual fue un reto porque en mi estudio rayo las paredes, hago murales. Pero estas piezas las hago también para pegarlas en la calle, y eso me hizo preguntarme qué pasaría si las llevo a una galería.
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Entonces me di cuenta de que había experiencias que no conoces hasta que pintas por pintar, por el mero placer de jugar con el blanco y el negro; eso te hace reflexionar sobre la idea de la oscuridad y la luz, pero también del tema trilladisímo de que todos tenemos esos dos tonos dentro, pero yo trabajo desde la oscuridad”.
La última parte de la exposición fue un performance que Soto realizó durante la inauguración. En este, él se cubrió con una tela roja y se coronó con vidrios quebrados. “Me gustó porque parecen una corona de espinas, y el rojo de la tela es como la sangre”, apuntó sobre este y añadió que es una idea que bordea “la fragilidad de lo que está y luego ya no”. Aún así, estar ahí dentro es un espacio de oscuridad, a la que el autor admitió tenerle “un chingo de miedo. Quizá así, con las pinturas, pueda enfrentarlo”.
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