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Grupo Zócalo
Publicado el viernes, 19 de agosto del 2022 a las 08:35
Estados Unidos.- Durante casi un siglo el manuscrito de la Universidad de Michigan se ha tenido por auténtico, pero el pasado mayo el conservador Pablo Álvarez recibió un correo electrónico en nada tranquilizador. El historiador Nick Wilding, que detectó una copia falsa del ‘Sidereus Nuncius‘ en 2012, quería saber detalles sobre la marca de agua y la procedencia del manuscrito porque tenía serias dudas sobre su autenticidad.
El profesor de la Universidad de Georgia investigó la antigüedad del papel y descubrió que los monogramas de su marca de agua lo fechan no antes del siglo XVIII. En la época en que se utilizaba la prensa manual, los fabricantes de papel solían usar marcas de agua distintivas para identificar su papel que ahora permiten fecharlo a un periodo particular. La del manuscrito de Michigan contiene monogramas con las iniciales del fabricante, ‘AS’, y del lugar de producción, ‘BMO’ (Bérgamo) y “ningún otro papel con marca de agua de BMO se ha fechado antes de 1770″, explica la universidad.
Además, Wilding dio con una falsificación similar de Nicotra, una carta a “una persona anónima de rango” datada supuestamente en 1607, que se encuentra en la Biblioteca Morgan en la ciudad de Nueva York y que se ha fechado con seguridad en 1790.
“Wilding concluyó que nuestro manuscrito de Galileo es una falsificación del siglo XX ejecutada por el conocido falsificador Tobia Nicotra”, subraya la Universidad de Michigan que, después de que sus propios expertos estudiaran las evidencias proporcionadas y reexaminaran el escrito, se mostró de acuerdo con su conclusión.
No hay rastro del documento de Michigan anterior a 1930, a pesar de que existe una completísima Edición Nacional de las Obras de Galileo (1890-1909), y los documentos de Galileo en Pisa de los que se sirvió el arzobispo Maffi para autentificarlo en la nota que acompañó al manuscrito en la subasta de 1934 son falsificaciones donadas por Nicotra, sentenciado ese mismo año a dos años de cárcel y una multa por falsificación de documentos.
La Biblioteca de la Universidad de Michigan va a actualizar los metadatos del manuscrito y reconsiderará su lugar en su colección. “En el futuro, puede llegar a servir a los intereses de investigación, aprendizaje y enseñanza en el ámbito de las falsificaciones y los engaños, una disciplina atemporal que nunca ha sido más relevante”, resalta.
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